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domingo, 17 de septiembre de 2017

jueves, 11 de febrero de 2016

Cuando los rusos buscaban el arma secreta española. Juan E. Pflüger.

Febrero de 1943. La ofensiva rusa sobre la División 250 –la División Azul–, integrada por voluntarios españoles alistados para luchar contra el comunismo en el corazón de la URSS, se ha convertido en un episodio bélico que, 70 años después, sigue estudiándose en todas las academias militares del mundo. No por la preparación y actuación del Ejército soviético, que movilizó efectivos suficientes para arrasar a cualquier ejército –44.000 soldados, 1.000 cañones y más de 100 tanques–, sino por la heroica actuación de los españoles, considerada como tal por el mismísimo alto mando del Ejército de Stalin.

Hasta tal punto sorprendió la valentía y la disciplina en combate, quelos duros interrogadores del Ejército ruso preguntaban sorprendidos a los prisioneros españoles sobre su arma secreta. Así lo señaló en su informe para las autoridades españolas el capitán Teodoro Palacios, uno de los héroes del choque. Así lo publicó LA GACETA en su colección de “Documentos Inéditos”.

En efecto, para el alto mando militar soviético, y para el general ruso Gueorgui Zhúkov que se encontraba al frente de la ofensiva, en particular, era imposible que menos de 6.000 soldados, armados con fusiles, ametralladoras y granadas de mano, frenasen durante 24 horas la apisonadora soviética.

La actuación de los voluntarios de la División Azul permitió que los comunistas tuvieran que conformarse con avanzar en el frente 3 kilómetros y pasasen a la defensiva, retrasando un año la recuperación de Leningrado, objetivo real de la Operación Estrella Polar.

El sacrificio en vidas humanas que pagaron los españoles fue elevado, 1.127 muertos, 1.035 heridos y más de 300 prisioneros,muchos de los cuales acabaron en los campos de concentración hasta su regreso a España en 1954.

Por acciones como esta los soldados españoles obtuvieron numerosos reconocimientos, militares y personales. En total recibieron dos cruces de caballero, dos cruces de oro, 138 cruces de hierro de primera clase y 2.359 de segunda clase fueron otorgadas por la Wehrmacht a los divisionarios.

Poco describe de manera tan clara la actitud de los españoles ante los alemanes como las palabras del general Jürgens: “Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español”.
El epílogo de la Guerra Civil en la Unión Soviética

Poco podía imaginarse Ramón Serrano Suñer que su discurso del 23 de junio de 1941 iba a traer consigo una movilización que acabaría escribiendo una de las páginas más heroica de la Historia militar española. La masiva afluencia de voluntarios que acudieron a su grito de “Rusia es culpable”, obligó a realizar varios reemplazos para el envío de tropas a luchar contra el comunismo en Rusia, en su casa.

Esos voluntarios dieron muestras de su valor extremo y señalaron, como dijo Dionisio Ridruejo –uno de esos miles de combatientes– que “más se entregará un soldado a la causa por la que lucha, cuanto mayor sea la unión de sus ideales con la causa por la que está dispuesto a morir”. Y murieron, más de 8.000 entre fallecidos y desaparecidos, sin contar con los 10.600 heridos y los 572 prisioneros.

Tras su paso por el frente oriental, la Historia militar española no se puede separar de nombres como el lago Ilmen, Novgorod, Podvereje o Krasni Bor.

Fue en esta última batalla en la que quedó claro el espíritu castrense de los españoles. A las siete de la mañana del 10 de febrero de 1943, las posiciones defendidas por los voluntarios españoles empezaron a sufrir un intenso bombardeo, procedente de los 1.000 cañones rusos. La primera línea defensiva de los españoles tuvo que retrasarse unos metros para ponerse a refugio en el interior de los búnkeres. Tras dos horas, cuando los soviéticos pensaban que habían allanado el terreno, llegó el rugido de los 100 tanques tras los que avanzaba la Infantería del Ejército Rojo.

La falta de previsión de los mandos militares comunistas no tuvo en cuenta que los blindados debían detenerse 200 metros antes de los nidos de ametralladoras de los hombres de la División 250.Se tuvieron que limitar a cubrir el avance de los soldados a los que cubrieron con sus cañones.

Los españoles, con escasos morteros, fusiles, ametralladoras y armas cortas rechazaron las oleadas enemigas, una detrás de otra, hasta siete. Se quedaron sin municiones y defendieron la posición con armas blancas.

Al mediodía del 11 de febrero, los últimos puestos aislados defendidos por los españoles caían, sin rendirse, en manos enemigas.

Tras más de 24 horas de defensa numantina, la Infantería de Stalin pasaba por encima de las posiciones españolas. Pero habían fracasado en su intención de recuperar Leningrado. Penetraron tres kilómetros en la zona controlada por Alemania y se fortificaron pasando a la defensiva.

gaceta.es

domingo, 23 de agosto de 2015

¿Qué gobernante democrático europeo elogió a la División Azul? Pedro Fernández Barbadillo.



Como parte de la campaña contra la figura de Franco y de su régimen, los partidarios de la memoria histórica afirman que no hay calles ni monumentos en Italia y Alemania a Mussolini ni a Hitler, ni a sus generales ni a unidades militares. La diferencia entre Hitler y Mussolini, por un lado, y Franco, por otro, es que los primeros estuvieron en guerra con los Aliados y perdieron, mientras que Franco fue neutral y murió 30 años más tarde del fin de la Segunda Guerra Mundial.

También hay que recordar que en los países que cayeron bajo el socialismo real en 1945 y se liberaron de él a partir de 1989 son frecuentes los homenajes a los militares y voluntarios que combatieron a Stalin, aunque fuese en el bando alemán. En Helsinki, la capital de Finlandia, hay una estatua ecuestre y un museo dedicados al mariscal Carl Gustaf Mannerheim, héroe de la independencia y jefe de las tropas que combatieron al Ejército Rojo en la Guerra de Invierno (1939-1940) y, después del ataque alemán a la URSS (1941-1944), en la Guerra de Continuación. En agosto de 1944 fue elegido por el Parlamento presidente del país, cargo que desempeñó hasta marzo de 1946, y en condición de tal aceptó las condiciones de Stalin para abandonar la alianza con Alemania. Y en Sofía, una de las principales avenidas de la capital búlgara lleva el nombre de Zar Boris III, forzado aliado de Hitler, pero a la vez protector de los judíos.

En junio de 2010, ABC publicó una carta al director del embajador Joaquín Martínez-Correcher, en la que daba cuenta de los elogios que hizo el canciller alemán Helmut Kohl a la División Azul. Andando el tiempo, Kohl fue luego el canciller democrático que más años gobernó Alemania (1982-1998) y también uno de los autores de la reunificación de su país.



Al hilo de la magnífica viñeta de Mingote en el ABC de hoy, "según el Museo del Ejercito, no existió la División Azul". En mayo de 1984, en mi calidad de Jefe de Protocolo del Estado, acompañé al canciller de la República Federal Alemana, Helmuth Kohl, a visitar Toledo según sus deseos.



(Viñeta de Mingote publicada en ABC el 20 de junio de 2010)


Los lugares de la visita habían sido cuidadosamente seleccionados, y al terminar la visita al Museo de Santa Cruz, subimos a pie hasta la plaza de Zocodover y, allí, tomando unas cervezas en plena plaza, me pregunta inocentemente el canciller federal, observando la mole del Alcázar: "Y eso ¿qué es?". El palacio del Emperador Carlos V, le contesté, "vamos, quiero verlo…".


Cuando llegamos a la puerta del Alcázar nos esperaba su director, de paisano, quien cuadrándose le dijo en correcto alemán al Canciller Kolh: "Sin novedad en el Alcázar señor canciller". Kohl asombrado le preguntó cómo hablaba tan correctamente su idioma, contestándole el director, "luché en la División Azul".

Kohl, emocionado, le abrazó diciéndole, "es usted la primera persona viva que conozco luchó con aquella heroica División". Y así, durante una hora, continuó en el bello idioma de Goethe, lo que no estaba programado.

Al senador del Reino de España Iñaki Anasagasti le disgustó tanto la carta que recurrió a su argumento favorito: llamar "franquista" y "carca" a todo el mundo.


Este comentario tan laudatorio a la División Azul salió publicado el jueves 24 de junio en el impresentable diario carca, el ABC. Lo malo no es lo que dice, que es lo normal entre gentes llamadas azules, sino que lo firma una persona que ha sido embajador con los gobiernos democráticos. Ese es el servicio exterior que hemos tenido en estos años con muy gloriosas excepciones. Lamentable su comentario, Sr. Embajador franquista.

Anasagasti demostró que una cosa es ser licenciado universitario y otra comprender textos escritos, porque Martínez-Correcher se limita a narrar una anécdota, sin poner adjetivos. Pero sin duda lo que le disgustó es que uno de los supuestos aliados del PNV en la Internacional Democristiana como era Kohl admirase a una unidad militar promovida por el franquismo y que combatió al bolchevismo en su patria.

La memoria histórica es como la vieja censura: no molestar los desayunos de los mandamases con hechos molestos.

http://www.libertaddigital.com/