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lunes, 2 de enero de 2017

Priority Pass. Fernando Sánchez Dragó.

Voy a ver cómo lo digo sin que el Ku Klux Klan de la corrección política me entierre en la arena con la cabeza empapada en hiel para que las termitas del Vade retro, Satana la devoren.

Dispongo de un salvoconducto que me permite disfrutar de las ventajas de la sala Vips en un sinfín de aeropuertos. Va aparejado a mi tarjeta de crédito. Su razón social es la misma de esta columna: Priority Pass.

Tras la rendición de Alepo se avecina una nueva oleada de refugiados, por no decir nada del incesante chaparrón de gota fría de los inmigrantes a palo seco. Si pocos éramos...

Siete de la mañana. Imaginemos que mi hijo Akela, cuyo nombre es el del lobo jefe de la manada que acogió a Mowgli, se despierta con hambre lupina. Sobre la mesa humea un panqueque. Sólo uno. Gajes de la crisis.

En eso llaman a la puerta. Es un refugiado. Acaba de llegar a España transportado en business class por los frailes mendicantes de una de ésas gubernamentalísimas organizaciones no gubernamentales que ayudan a todo cristo y más bien a todo alá con la pólvora del rey salida de los bolsillos del contribuyente y del negocio de la solidaridad. El refugiado está hambriento. Me lo indica llevándose una mano a la boca.

¿Qué debo hacer? No es una pregunta retórica. Se la dirijo, no sin angustia, a quienes piden papeles para todos con el argumento de que no hay personas ilegales y cuelgan en la Cibeles cartelones con el eslogan de Welcome refugees.

Insisto en que sólo hay un panqueque. Mi sueldo no da para más. Mi hijo, estimulado por el apetito propio de su edad, se relame con el tenedor y el cuchillo enarbolados. El inmigrante, al que he permitido pasar, lo mira con ojos golositos.

Reitero la pregunta. ¿Qué debo hacer? ¿A quién doy el panqueque? ¿A mi hijo o al forastero? ¿En cuál de las dos empieza la caridad?

Sólo cabe una respuesta: la que dan, en casos similares, los Verdaderos Finlandeses, los de Amanecer Dorado, los de Alternativa por Alemania, los okupas del Nuevo Hogar Social de la madrileña calle de Velázquez y tantos otros en otros tantos países. Los acusan de ser nazis. No sé si lo son, pero sí sé que yo no lo soy pese a terminar haciendo lo mismo que ellos hacen: conceder prioridad a lo propio sobre lo ajeno.

Pido al inmigrante que se marche. Sirvo a mi hijo el desayuno.

Lo siento, refugiados. Nada tengo contra vosotros (yihadistas aparte), pero aquí no hay panqueques para todos.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Insumisión. Fernando Sánchez Dragó.

Lo que acaba de suceder en Estados Unidos, Colombia y Brexitania es lo contrario de lo que Houellebecq cuenta en su novela Sumisión. La gente se rebela contra la doctrina impuesta por las élites políticas, económicas y mediáticas de la actual progredumbre. Un biólogo (Kammerer), un psicólogo (Jung) y un físico (Pauli) elaboraron el concepto de sincronicidad. Las coincidencias causuales entre fenómenos consanguíneos son inquietantes. Franco murió el mismo día de noviembre en que José Antonio fue asesinado. Dicen, aunque no es cierto, que Tejero entró en el Congreso el mismo día del año en que, siglo y medio atrás, lo hizo el general Pavía. Trump, que tiene algo decowboy, lo ha hecho en la Casa Blanca un 9 de noviembre. Ésa es también la fecha en la que cayó el Muro de Berlín y comenzó una era de esperanza que se desvaneció muy pronto en los turbiones de la globalización y el neoliberalismo. Fue el 9 de noviembre de 1799 cuando Napoleón se convirtió en Cónsul del país que diez años antes había sufrido la revolución más famosa de la historia tras un golpe de estado que pasó a la misma como el del 18 Brumario y puso Europa patas arriba. Un lustro después ya era Emperador de quienes tres lustros antes habían aupado a los sans culottes a la cima de la República. Curiosa trayectoria para un hombre que después cometería el mismo error que cometió Hitler: invadir Rusia. Trump no lo cometerá. Al contrario. Cerrará filas con Putin para poner fin a la guerra fría atizada por Hillary, mantener fuera de Europa a Ucrania, bajar los humos de la OTAN y defender en Siria el sentido común apoyando a Asad. Dos cabalgan juntos y llegarán muy lejos. La era de la corrección política, la inmigración de barra libre y la ideología de género ha terminado. Mal perder tienen los que protestan. Muy demócratas no son. Tampoco lo parecen los periodistas que después de pegarse un planchazo colosal vaticinando la segura victoria de una tarasca ridiculizan a quien la ha derrotado en las urnas. Son ellos, y no él, quienes hacen el ridículo. Ya que estamos en el mes del Tenorio (más sincronías), consiéntanme que les aplique uno de los versos de Zorrilla: ¡Cuán gritan esos malditos! Pero, por mucho que los últimos teólogos del mayo francés discutan sobre el sexo de los ángeles buenistas y yihadistas, las tropas de la sensatez trepan ya por los muros de un mundo que no volverá a ser el mismo.

sábado, 11 de junio de 2016

Entrevista a Antonio Domínguez Ortiz.

Entrevista realizada por Fernando Sánchez Dragó al historiador Antonio Domínguez Ortiz, simplemente magnífica. Un grandísimo historiador, especialmente su libro "Carlos III y la España de la Ilustración", imprescindible para conocer esa época y mucho mejor que el libro que tratan en la entrevista.

sábado, 14 de mayo de 2016

España como problema

Maravilloso programa sobre España con la participación de José María Jover Zamora, Ernesto Giménez Caballero, Gonzalo Torrente Ballester, José Luis Abellán y Federico Jiménez Losantos, modera Fernando Sánchez Dragó.

domingo, 27 de marzo de 2016

Zona Euro y zona Eros. Fernando Sánchez Dragó.

Se desesperan los multiculturalistas ante la paradoja de que algunos de sus retoños, amamantados con la leche desnatada del estado de bienestar, se alisten en el IS, renuncien al botellón y empuñen metralletas. Hay, a mi juicio, dos factores hormonales que explican tal despropósito.

De uno de ellos -el de la testosterona de los jóvenes de sexo masculino que sienten la necesidad de la lucha cuerpo a cuerpo y añoran la nostalgia de la épica que sus mayores les han arrebatado ya hablé en una columna anterior. "Papá -me dijo el jueves mi hijo Akela, que tiene tres años- quiero una pistola". Me quedé de piedra. Nunca había utilizado él esa palabra. Del otro factor el peso de los estrógenos en las chicas seducidas por el yihadismo hablaba el otro díaAnna Grau en El Español. "Es la demografía, estúpidos", decía. "Imposible no palmar ante una gente que ya no es que no les dé menos pereza que a nosotros tener hijos. Es que les da menos miedo y les hace más ilusión follar.

Del lado de acá todo es sexo onlineado o de piscifactoría, que diría Umbral. Del lado de allá pervive una cándida lujuria todavía no desnaturalizada por el uso incongruente del alcohol, las drogas, la música y hasta la ropa interior. La civilización occidental (...) está cayendo en picado no ante el Estado Islámico, sino ante el Erótico. El problema no es dejarlos a ellos fuera de la Zona Euro. Es cómo volver a meternos nosotros dentro de la Zona Eros". Lo que viene a sostener la columnista es que las mujeres citadas corren a impulsos de la libido y el mandato biológico de la maternidad hacia los musculosos brazos y el contundente esperma de quienes creen que las van a follar más y mejor.

Coincide eso con las tesis esbozadas por Pierre Mylestin en un artículo de Boulevard Voltaire. "¿Vuelve el macho?", se preguntaba a raíz del aluvión de ferocidad que poco antes había originado centenares de violaciones en el cogollo de esa Europa que según la mitología se hizo poseer por Zeus transformado en toro. Siniestro cul de sac: mujeres forzadas a mayor gloria del multiculturalismo y varones incapaces de defenderlas para no ser tildados de xenófobos. La socialdemocracia transforma a sus hijos en cabestros y luego abre los toriles para que entren los sementales. ¡Menos mal que lo ha escrito una mujer! Si lo digo yo me empluman.




elmundo.es

martes, 2 de julio de 2013

La fuga hacia la inmortalidad


 Llevo un buen puñado de días rastreando las huellas de alguien que trastornó la historia, hizo saltar por los aires la geografía, protagonizó una gesta en la que el bien y el mal se vieron las caras, siguió el camino del corazón o, por lo menos, el de la intuición y la emoción, perdió a su término la cabeza en el sentido literal de la palabra, pues rodó por el suelo a consecuencia de una doble traición (la de su compañero de fatigas y amigo del alma Francisco Pizarro y la del abyecto personaje −Pedrarias Dávila− que se disponía a ser su suegro), convirtió el mayor océano del globo en lo que durante dos siglos sería un lago español y sentó los cimientos de ese ambiguo fenómeno al que hoy llamamos globalización.
     Me refiero a Vasco Núñez de Balboa. Sus hazañas son equiparables a las de Lope de Aguirre (un demonio) y a las de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (un santo). Fue el protagonista de un western que nadie ha rodado. Merece una novela que esté a la altura de lo que Stefan Zweig escribió sobre él en sus Momentos estelares de la humanidad.
     Se cumple ahora el quinto centenario del descubrimiento del Mar del Sur. En Panamá llevan todo el año celebrándolo, aunque no falten aguafiestas −los pichaflojas de la corrección política extrapolada del hoy y aplicada al ayer− que lamenten el suceso. En España, donde tanta bulla despilfarradora armaron en 1992 a cuento del primer viaje de Colón, nadie parece recordar que el 25 de septiembre de 1513 un hidalgo de origen leonés nacido en Extremadura fue el primer europeo que avistó desde lo alto de un cerro el océano en el que ahora palpita el corazón del futuro.
     Rectifico. En Jerez de los Caballeros, donde Balboa vino al mundo, se organizó hace poco un congresillo de fin de semana dedicado a honrar la memoria de aquel héroe cuya gesta no desmerece de la de Colón y acaso, por su arrojo y por su alcance, la supera.
     ¿Eso va a ser todo, amigo Monago? ¿Eso va a ser todo, amigo Wert? ¿Eso va a ser todo, amigo Margallo?
     Yo, en el ínterin, y a la espera de lo que la literatura me depare, sigo vagabundeando por Panamá, por Nicaragua, por...    
    Veremos.
    El pasaje del libro de Zweig al que más arriba he hecho referencia se titula así: La fuga hacia la inmortalidad. Balboa es el único español que aparece en él. ¿Por qué será?
    Concedámosle atención. Yo ya lo estoy haciendo.
Fernando Sánchez Dragó

jueves, 29 de noviembre de 2012

El Faro de Alejandría: La España Mágica (8/8)


El Faro de Alejandría: La España Mágica (7/8)


El Faro de Alejandría: La España Mágica (6/8)


El Faro de Alejandría: La España Mágica (4/8)


El Faro de Alejandría: La España Mágica (2/8)

Desafortunadamente el primer vídeo del programa no está disponible. Programa dirigido por Fernando Sánchez Dragó y cuenta como invitados con: Juan García Atienza, Antonio Ruiz Vega, Jesús Callejo y  Jesús Ávila Granados.