jueves, 23 de febrero de 2012

Crítica de Pío Moa a Joseph Pérez (I)

Cuando hace unos días colgué en el blog el artículo de Joseph Pérez no pensaba que Pío Moa estaba leyéndolo. Fue una grata sorpresa el ver en su blog la crítica a su nuevo libro. Creo que son interesantes y por eso las pongo en el blog.


Joseph Pérez, sospecho que como respuesta indirecta a mi Nueva historia de España, ha publicado un libro de altos propósitos no sé si muy logrados: Entender la historia de España. En sus propias palabras, ¿Puede hablarse, en rigor, de España antes de la invasión árabe de 711? Tengo mis dudas (en realidad no tiene ninguna: lo niega). En 711 la Península Ibérica queda dividida entre dos civilizaciones: moros y cristianos. Estos acaban venciendo en 1492, pero siguen divididos en distintas comunidades políticas que acaban configurando tres coronas (…) Los Austrias inauguran una nueva era que termina con los tratados de Westfalia (1648), era de hegemonía en Europa y en el mundo, era de gloria, si se quiere (no me parece que Pérez lo quiera demasiado), pero ¿para quién y para qué? La que ocupa entonces el primer puesto en Europa no es precisamente España, sino la dinastía reinante. Manuel Azaña lo vio claramente; tal vez, como buen conocedor de la historia de Francia, se haya acordado de lo que (…) aprendían los alumnos franceses en la escuela (…) Francia se enfrentó, no tanto con España, sino con la Casa de Austria. La hegemonía era cosa de la dinastía, pero a los españoles les costó caro: les impidió desarrollar sus intereses propios como nación. La llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, cambia muchas cosas. Aparentemente, España pierde territorios, pero territorios que no eran hispánicos (Flandes, Italia); en cambio conserva las posesiones peninsulares y el imperio de América, lo que la convierte en la tercera potencia de Europa, después de Inglaterra y Francia; en contra de lo que se escribe a veces, la España del siglo XVIII no es una nación decadente. La decadencia y la marginación son posteriores, son consecuencia de la Guerra de Independencia, de las guerras civiles del sigloXIX y de la emancipación del imperio colonial. Entonces sí es cierto que España pasa a ser una nación de segunda categoría (…) La recuperación viene mucho más tarde, a mediados del siglo XX y se confirma después de la muerte de Franco. Con una economía renovada, una sociedad moderna y un régimen político semejante al de las demás democracias, España se reincorpora a Europa; vuelve a ser una de las grandes potencias, con todos los inconvenientes que ello supone en el mundo de hoy. Estos van a ser los ejes principales de mi reflexión (…) siguiendo a mi manera (…) la pauta de mi maestro Perre Vilar: importa menos dar a conocer que dar a entender lo que ha pasado”.
Tiene interés explicitar qué quería “dar a entender” Pierre Vilar: trataba de divulgar una visión marxista (es decir, lisenkiana, como he explicado en otras ocasiones) de la historia. Me temo que ninguno de los asertos de Pérez resiste una crítica algo rigurosa, o bien deben ser muy matizados como iremos viendo.

martes, 14 de febrero de 2012

Reflexiones sobre la historia de España por Joseph Pérez

Después de publicar, en francés, mi Historia de España y de comprobar el éxito del libro, creo oportuno señalar cuál ha sido el origen: en primer lugar, creo que conviene saber que ha sido una obra de encargo. Desde que España se incorporó plenamente en la Comunidad Europea y volvió a desempeñar en el mundo el papel que le corresponde por su contribución a la civilización occidental, se ha incrementado en Francia el interés por lo que pasa a este lado del Pirineo y el deseo de comprender la evolución de España desde que dejó de ocupar el primer puesto en la escena internacional. La editorial Fayard estaba preocupada, de algunos años a esta parte, por la carencia en francés de un libro serio sobre España, lo cual no era estrictamente exacto: disponemos de un librito que yo siempre recomiendo como la mejor historia de España en francés, la de Pierre Vilar. Tampoco han faltado en Francia los hispanistas. Sus trabajos han permitido avanzar en el conocimiento de la historia, de las literaturas y de las lenguas de España. Pero es verdad que demasiadas veces tales aportaciones no salen del círculo estrecho del mundo universitario. Así se explica el encargo que se me hizo de escribir un libro para que se enteren en Francia de lo que era en realidad la historia de España. La petición de que escribiera este libro vino a estimular el deseo que yo tenía de ofrecer al público francés mi propia visión de España. He tenido la suerte de recibir las enseñanzas de dos grandes maestros cuando comencé mis estudios hispanistas: Marcel Bataillon y Pierre Vilar. El primero se dedicaba a los aspectos filológicos, literarios y espirituales. El segundo es un magnífico conocedor de la teoría y de la historia económica, sin descuidar otras facetas, como la historia política y la evolución del pensamiento. De ambos he aprendido a enfocar los temas relativos a España en una perspectiva muy amplia, relacionándolos con lo que ocurría en el resto de Europa y del mundo. Durante 40 años me he dedicado a la enseñanza en una universidad francesa y me he esforzado por presentar a mis alumnos -futuros hispanistas o profesores de español- una interpretación distinta de la que tantas veces conocían por la lectura de periódicos, por la televisión o por el cine. El resultado de aquellas dos circunstancias -el encargo editorial y la experiencia adquirida en la docencia- es mi Historia de España. Con excepción de los capítulos sobre los Reyes Católicos y sobre el siglo XVI -en los que me han servido mis propias investigaciones-, he aprovechado los trabajos de los historiadores españoles y de hispanistas extranjeros, sobre todo franceses e ingleses. En este sentido, mi libro enseñará poco a los especialistas universitarios. Lo que he procurado es, por una parte, establecer los datos, poniendo nombres y fechas cuando era necesario hacerlo, y, por otra parte, proponer una explicación coherente de lo que ha ocurrido en la Península desde el siglo VIII, es decir, desde la invasión musulmana.
¿Cómo veo la historia de España? Puedo contestar a esta pregunta con una frase: España, desde luego, tiene sus rasgos específicos, pero, en conjunto, su desarrollo histórico no se aparta de la línea general que han seguido las demás naciones europeas. En esto discrepo de lo que se viene repitiendo desde el siglo XVIII hasta hace poco. Durante varios siglos, la historiografía anglosajona difundió la idea de que la civilización moderna -el desarrollo técnico y económico, la ciencia, el progreso, la tolerancia... - era hija de la Reforma protestante, y que las naciones latinas (Francia, España, Portugal, Italia), quedaban incapacitadas para integrarse plenamente a la civilización moderna. Hubo franceses y españoles que compartieron esta idea. Bastarán dos ejemplos: en Francia, el político e ideólogo Guizot; en España, nada menos que Manuel Azaña, quien llegó a decir que "durante nuestro sueño, las demás naciones han inventado una civilización, de la cual no participamos, cuyo rechazo sufrimos y a la que hemos de incorporarnos o dejar de existir". Hoy en día, los historiadores han matizado y revisado aquellas perspectivas. La distinta orientación que tomaron, a partir del siglo XVII, las naciones de Europa ya no se atribuyen exclusiva ni principalmente a motivos religiosos, raciales o ideológicos, sino a causas mucho más complejas.
Creo que fue don Antonio Domínguez Ortiz el primero en reaccionar contra la tesis de las dos Españas irreconciliables, cuyo enfrentamiento llenaría los anales de la historia por lo menos desde el siglo XVIII. No pretendo que sea falsa la idea, pero la verdad es que lo mismo cabría decir de todas las naciones. En todas existe diversidad de pareceres sobre la manera de organizar la sociedad, y sólo en circunstancias excepcionales llega esta diversidad a provocar tensiones violentas y dramáticas. Basta con repasar someramente la historia de todas las naciones europeas para encontrar ejemplos de esta diversidad. O sea, que España no me parece, en este sentido, constituir ninguna excepción, y coincido totalmente con la tesis que acaban de exponer Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox en su reciente libro: España: 1808-1996. El desafío de la modernidad, sólo que yo extendería la tesis a periodos anteriores al siglo XIX: España es un país normal, con formas de vida y cultura homologables con las de otros países europeos, por lo menos desde finales de la Edad Media.
Antes sí que se da en la península Ibérica una situación excepcional con respecto a la cristiandad europea. Esto se debe a la invasión musulmana, pero precisamente todo el esfuerzo de los españoles durante siglos fue dirigido a reincorporarse cuanto antes al mundo occidental y evitar a la Península el destino del norte de África. Es decir: el de unas provincias romanizadas y cristianizadas que acaban formando parte del mundo islámico. Este esfuerzo de varios siglos es el que se conoce con el nombre de Reconquista y ha dado algún fundamento a una tesis, a mi modo de ver, exagerada.
Hacia 1950, en una interpretación brillante, Américo Castro expresó la idea de que España desde la Edad Media siguió otro rumbo que el resto de Europa. Castro ha acertado al destacar la importancia que tuvieron en la formación de España la influencia del islam y la presencia de una importante minoría judía. Pero él y, más que él, algunos de sus discípulos han sacado de aquellos hechos consecuencias que creo excesivas: la idea de que la idiosincrasia de España es radicalmente distinta de las demás naciones europeas.
La obra del profesor José Antonio Maravall representa un gran hito a la hora de enfocar la historia de España dentro de una perspectiva europea. El profesor Maravall tuvo en cuenta las notas específicas de España, pero mostró también cómo su evolución sigue las pautas de lo que ocurre en el resto de Europa, con las matizaciones que exige tal planteamiento. La Inquisición, por ejemplo, es la forma española de una intolerancia desgraciadamente común a toda Europa. La ausencia de un desarrollo económico, a pesar de las remesas de Indias, también tiene su explicación: nada en el temperamento de los españoles les impide participar de lleno en las actividades económicas. Son las circunstancias las que contribuyeron a transformar a España, a finales del siglo XVI, en una nación de rentistas más que de empresarios, pero estas circunstancias no son exclusivas de España; en Francia también, por ejemplo, por las mismas fechas, se perciben los efectos de la mentalidad hidalguista. Se podrían citar muchos otros ejemplos al respecto.
Se me dirá que estoy combatiendo la leyenda negra antihispánica. Sí y no. Yo tengo la impresión de que son los mismos españoles los que han contribuido a difundir la leyenda negra, al insistir con excesivo masoquismo sobre determinados aspectos del pasado de su patria: la expulsión de los judíos y de los moriscos, la Inquisición, violencias en la conquista de América... Cada nación tiene en su historia sus páginas negras, pero en general se las considera como acontecimientos que pertenecen a un pasado histórico que no tienen por qué empañar definitivamente la imagen de la nación. En Francia, sin ir más lejos, las matanzas del Terror revolucionario y de la Comuna de París han sido tan tremendas como las guerras civiles que ha conocido España; la expulsión de los protestantes durante el reinado de Luis XIV fue posiblemente más horrorosa que la expulsión de los judíos de España, etcétera. Ningún historiador francés oculta aquellos hechos, pero tampoco se le ocurre a nadie concluir que Francia queda definitivamente descalificada por ello. Lo mismo cabría decir de Inglaterra y Alemania y de casi todas las naciones. Los españoles tienen que reaccionar ante su propia historia, asumiendo los episodios negativos como cosas que pertenecen al pasado histórico, sin que por ello haya que olvidar los episodios positivos, que también los hubo, y muchos. No se trata, pues, de ocultar las páginas negras, y menos aún de oponerles una leyenda rosada, sino de exponer los hechos, todos los hechos, enfocándolos en una perspectiva histórica. Así es como se puede llegar a una visión objetiva de lo que fue una nación. Esto es lo que he procurado hacer en mi Historia de España.

jueves, 9 de febrero de 2012

Caso Garzón

Por ahora va ganando la justicia a Garzón y a la izquierda corrupta y delincuente. Ahora falta ver un caso en el fondo mucho peor, porque tiende a envenenar la convivencia democrática en España: sus sucias mentiras y manipulaciones en torno a las “víctimas del franquismo”.  De momento, al menos, se le acabó la impunidad.
Dice Garzón que “el tribunal de un  hombre es su conciencia y la mía  está tranquila”. ¡Esto lo dice un juez! Lo mismo dirá Carrillo y, seguramente, el Zapo, Rubalcaba o la doctora Burrianes. O Hitler o Stalin, puestos a ello.  Pero a los delincuentes no se les juzga según su propia conciencia, sino según las leyes y un concepto moral que el infame juez ha transgredido de modo ostentoso. Dice también este  desvergonzado que el Supremo impide investigar la corrupción. ¡Hasta dónde ha caído en alguna gente, no ya el concepto de justicia, sino la más elemental vergüenza!
Y el fiscal dice que es “patético y ridículo juzgar a Garzón por la causa del franquismo”. Lo que es patético y ridículo, o, peor aún, abyecto, es un fiscal que defiende la prevaricación más repugnante. Si queda algo de justicia, es decir, de justicia independiente en España, este sujeto debiera ser apartado de una carrera a la que sume en el mayor descrédito. Dice este “fiscal” que la matanza de Paracuellos “fue un hecho puntual de saca de presos”. El insulto permanente a la justicia por parte de los prochekistas.
http://www.intereconomia.com/blog/garzon-pierde-justicia-gana-cuentos-ayn-rand-frases-para-historia-20120209

Presentación del libro "El puente de los asesinos" con esgrima escénica

martes, 7 de febrero de 2012

Entrevista a Pío Moa

Hace un tiempo seguí con gran atención el debate histórico entre César Vidal y Pío Moa hasta que este último fue expulsado de Libertad Digital, con lo que se demostró que todos aquellos que tiene la palabra democracia en la boca todo el día, cuando tienen que demostrarlo, se olvidan de ella y simplemente expulsan de malas maneras.

Si en un principio el debate tenía cierto interés, se fue perdiendo por las diatribas de César Vidal contra todo aquello que oliera a católico y por ende, a nuestra historia. La historia de España no se puede entender sin el catolicismo y los hechos más glorioso de nuestra historia siempre se han hecho bajo la cruz.

Traigo a colación una entrevista que han hecho a Pío Moa en infocatólica, donde habla un poco de todo y donde cuenta su salida de Libertad Digital:

(Bruno Moreno/InfoCatólica) –Usted ha hablado de cuatro crisis en las que está inmersa España: territorial, institucional, económica y moral. ¿Cree usted que el gobierno del PP es consciente de las mismas y que podrá sacar al país de ellas o al menos lo intentará?
No lo creo. El PP es un conglomerado de políticos  de distintas ideologías, incluso sin ninguna otra idea que la economía, suponiendo que entiendan a esta algo bien.  Loideal sería que se descompusiera en dos partidos con ideas claramente  distinguibles. Pero les une la existencia del PSOE, que es el partido más nefasto del siglo XX español y lo que llevamos de este.  Hay una especie de oposición/ complicidad entre los dos partidos, y el PP está interesado en mantener  ese duopolio. Lo que más teme es el surgimiento de nuevos partidos con programa y liderazgo claro. Claro que hoy por hoy es un temor poco fundado, pues no sale nada apreciable por ninguna parte, aunque haya pequeños conatos.
–¿Qué cree que sucederá durante esta legislatura con la legislación sobre el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia o la “memoria histórica”?
No creo nada, porque el futuro no está escrito. Pero juzgo por el tipo de oposición que ha hecho el PP y por las declaraciones de Rajoy y compañía. El PP no tiene un verdadero discurso político, y en cuanto el PSOE plantea su demagogia en esos terrenos es incapaz de rebatirle y de llegar a la gente con un mensaje distinto. Esto puede ocurrir por varias causas: por incapacidad política, porque piensa abordar tales cuestiones con más discreción y poco a poco, después de conseguir solucionar la crisis, o porque en el fondo hay corrientes muy fuertes, hoy dominantes en el PP, que están de acuerdo con las iniciativas socialistas.   
–Una de las afirmaciones que más descalificaciones le han ganado es la referente al hecho, aparentemente evidente, de que la homosexualidad no puede equipararse a la heterosexualidad como tendencia normal. ¿Por qué esa reacción visceral contra usted?
Que la homosexualidad es un defecto es algo tan evidente que el simple hecho de tener que argumentarlo revela el laberinto mental al que ha conducido la demagogia “progresista”.  Y no menos revelador es el hecho de que las réplicas hayan sido insultantes y despóticas, con la pretensión implícita o explícita de silenciar cualquier oposición. Una cosa es que no deba acosarse a un homosexual porque tenga ese defecto (¿quién no tiene defectos?) y otra la política de una serie de mafias homosexualistas, con apoyo  feminista y “progresista” en general, que tratan de imponer sus absurdos en la sociedad y desde el poder. Su juego es doble: por una parte usurpan una representación que no tienen, pues muchos homosexuales, yo creo que la mayoría, no piensan como esas mafias; y por otra parte juegan constantemente al victimismo. Quien se cree víctima tiende a reaccionar con especial furia ante las críticas, y por otra parte presentar a alguien, a algún colectivo,  como víctima, lo sea o no o en el grado que lo sea (¿quién no es o se siente víctima de algo?) te gana automáticamente la simpatía de muchas personas bienintencionadas y mal informadas. El homosexualismo y el feminismo están estrechamente relacionados con fenómenos de mala salud social o mala calidad de vida como el aborto y el fracaso familiar masivos, y consecuencias relacionadas como la droga, distintas formas de delincuencia, etc.  He escrito en Libertad Digital una serie de artículos sobre todo ello bajo el epígrafe de “Salud social”.
–¿Qué ocasionó su salida de Libertad Digital? ¿Sus opiniones llegaron a ser demasiado libres para el medio?
Creo que LD ha cumplido un papel muy importante y necesario, y que sigue cumpliéndolo en líneas generales. Por ejemplo, César Vidal podía exponer sus puntos de vista (que últimamente degeneraban en absurdos, a mi juicio) y yo podía rebatirle. Esto me parece muy sano y muy bueno. También he sostenido debates con Jiménez Losantos y otros comentaristas de la casa, y no pasó nada. Y estos debates no ocurrían en ningún otro medio, que yo sepa. Sí percibí cierto disgusto y malestar en parte de LD por mis posiciones, o quizá por la dificultad que encontraban para rebatirlas racionalmente, y últimamente cierto ninguneo, como tratando de relegar mis artículos. Ello ha dado lugar a tensiones, que algún o algunos de los dirigentes han tomado como pretexto para echarme.  Pero a decir verdad no conozco el intríngulis de todo ello. Queda el hecho de que me han expulsado, y que ello ha sido malo para mí y también para una empresa a la que sigo deseando viento próspero.
–¿Cree que Libertad Digital está perdiendo lectores y que el propio César Vidal está dañando su prestigio como historiador con su serie de artículos sobre la “desgracia” que ha sido para España ser católica?
Creo que César Vidal tiene tanto derecho a exponer sus ideas como yo a replicarle, y que ello no debiera hacer perder prestigio a LD, más bien al contrario. Sí le hace perder prestigio, y probablemente lectores,  cuando nadie le replica y sus tesis aparecen implícitamente como el sello de la casa. Precisamente yo le contestaba para evitar esto último, pues LD nunca fue un órgano protestante ni amparador de la Leyenda Negra, aunque allí escribieran quienes sostenían tales o cuales tesis de ese tipo. Lo que no me parece mal siempre que, repito, pueda replicárseles. Porque la  búsqueda de la verdad exige el contraste y un ejercicio permanente.
–Como estudioso de la última guerra civil española, ¿cree que podría decirse que fue principalmente el catolicismo lo que impidió que España se convirtiera en un régimen comunista como los de Europa del Este?
El catolicismo y el patriotismo jugaron el papel principal en el plano ideológico. El marxismo, el anarquismo  y los separatismos, que componían el grueso del bando “rojo” e  iban unidos y no por casualidad, aunque entre ellos se pelearan y se asesinaran a menudo,  necesitaron encubrirse con la pretensión, absolutamente falaz, de que eran demócratas y luchaban “por la libertad”. Precisamente fueron ellos quienes arruinaron la posibilidad de que la república se desarrollara como una democracia normal, con la sublevación guerracivilista del 34 y luego con el Frente Popular, como creo haber demostrado en mi trilogía sobre la república y la guerra y en Los mitos de la guerra civil. En todo caso nadie ha sido capaz de refutarme hasta ahora. El marxismo y los separatismos llevan la guerra civil y el despotismo en su propia esencia ideológica.
–Usted ha buscado la verdad durante su vida, incluso cuando eso implicaba aceptar que había estado equivocado. Durante mucho tiempo, defendió una ideología anticristiana. ¿Qué piensa ahora del cristianismo y de la Iglesia?
El cristianismo representa la base, o una base esencial, de la cultura que identificamos como occidental y concretamente española. No soy creyente y creo que no hace falta serlo para entender ese hecho clave. Me considero un cristiano cultural, por decirlo así, y opino que la herencia cristiana tiene muchísimo más de positivo que de negativo, y que los intentos de sustituirla por ideologías que prometen el cielo en la tierra han provocado ya bastantes desastres como para adoptar una postura ingenua hacia ellas.
–¿Qué es lo que más le atrae de la fe católica? ¿Y lo que más difícil le resulta aceptar?
Digamos que no soy hombre de fe, sobre todo después de ciertas experiencias, porque también las ideologías antirreligiosas implican una fe. Una de las ventajas de la cultura occidental ha sido la separación entre el poder religioso y el político, separación relativa y conflictiva, por otra parte, pero beneficiosa en conjunto.  Creo que la Iglesia ha cometido en España serios errores políticos en los últimos decenios, y el estilo y mentalidad eclesial nunca fueron de acuerdo con mi carácter, aunque les reconozco pleno derecho a existir, por supuesto.  Una asignatura pendiente para mí es el estudio de la religión en la configuración de las culturas. La sociedad humana no puede subsistir sin moral, pero la moral remite siempre a ideas religiosas, difíciles de entender racionalmente. En cierto modo, una definición del hombre sería, mucho más que como animal racional, como animal religioso. Tengo intención de explorar esa hipótesis en algún momento.
–Usted ha señalado que muchos políticos tienen una obsesión por atacar la civilización occidental y el cristianismo, aunque sea aliándose con las “civilizaciones" que con mayor virulencia niegan las ideas que ellos afirman defender. ¿Por qué ese odio tan singular contra el cristianismo y la civilización construida sobre él?
Viene de la Ilustración, que tuvo sus luces y sus sombras, y ya Voltaire llamaba a aplastar a la Iglesia. Porque creían poder sustituir la fe por la razón, a pesar de que el uso de la razón  no da lugar, como implícitamente suponían, a soluciones radicales y unívocas, sino a conclusiones diferentes e incluso opuestas. Me he referido a ello en Nueva historia de España. Lo que queda al final es el común rechazo a la Iglesia y la conversión de la razón en una fe trivial. En nuestra guerra civil se dio ese fenómeno: las izquierdas y los separatismos, en general, representaban distintos usos y conclusiones de la razón, se mataban entre ellos y no es casual que la guerra terminara con una guerra civil entre las propias izquierdas. Lo único que les daba cierta unidad y cohesión aparentes era la común oposición radical a los nacionales, que suponía también oposición al cristianismo.
–¿Está preparando algún libro actualmente? ¿Sobre qué temas le gustaría escribir un día si tuviera tiempo?
Para abril saldrá, si todo va bien, una novela ambientada en la época de 1936 a 1946. No será una novela histórica propiamente hablando, sino  lo que se entiende normalmente por novela sin más, si bien el ambiente y el desarrollo de la historia real de la época están presentes en ella con plena fuerza.

jueves, 2 de febrero de 2012

Déjame En Paz Amor Tirano de Luis Góngora

Ciego que apuntas y atinas, 
Caduco dios, y rapaz, 
Vendado que me has vendido, 
Y niño mayor de edad, 
Por el alma de tu madre 
—Que murió, siendo inmortal, 
De envidia de mi señora—, 
Que no me persigas más. 
Déjame en paz, Amor tirano,
 Déjame en paz.



Amadores desdichados,
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
 Déjame en paz.



Diez años desperdicié,
Los mejores de mi edad,
En ser labrador de Amor
A costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
Aré un alterado mar,
Sembré una estéril arena,
Cogí vergüenza y afán.
Déjame en paz, Amor tirano,
 Déjame en paz.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Capricho español por Nikolai Rimsky-Korsakov

Capricho Español es una obra compuesta por Nikolai Rimsky-Korsakov basada en melodías españolas. Korkasov viajó alrededor del mundo debido a su cargo en la marina. En uno de sus viajes paso varías días en Cádiz. 


A través de las obras compuestas por autores como Korsakov voy a ir dando a conocer música clásica, como es este caso. Espero que disfruten la música:



(Nikolái Andréievich Rimski-Korsakov; Tichvin, 1844 - Lyubensk, 1908) Compositor y director de orquesta ruso. Entre 1856 y 1862 estudió en la Escuela de Marina de San Petersburgo, a la vez que se formaba musicalmente. En 1859 comenzó a estudiar piano con F. A. Canille, quien le animó a componer y le presentó a Balakirev y Cui. Junto con estos dos, además de con Borodin y Mussorgsky, formaba el grupo de innovadores de los Cinco.

En 1871, cuando aún era oficial de la marina, fue nombrado profesor en el Conservatorio de San Petersburgo, función que ejerció hasta su muerte. Los acontecimientos políticos de 1905 provocaron que fuese suspendido provisionalmente como profesor al haberse opuesto a las medidas disciplinarias tomadas contra los estudiantes del Conservatorio. Abandonó el servicio en la marina en 1873, siendo entonces designado inspector de las orquestas militares de la tropa, puesto que mantuvo hasta 1884. Se dedicó entonces plenamente a la música.
Fue director de orquesta en los conciertos de la Escuela gratuita de música (1874-1881) y subdirector de la Capilla Imperial de 1883 a 1893. A partir de 1886 dirigió también los conciertos sinfónicos rusos creados por Beliaiev. Desde principios de la década de los 90 hasta los primeros años del siglo XX presenta un período de gran creatividad, dedicado principalmente a la ópera.
Rimski-Korsakov fue el miembro mejor preparado desde el punto de vista técnico del grupo de los Cinco, aunque, como en los casos de sus compañeros Balakirev, Borodin, Cui y Musorgski, su dedicación a la música no fuera en sus inicios profesional. Como los demás músicos de su generación, buscaba plasmar en sus óperas un carácter más auténticamente ruso en los temas y la música que sus predecesores. Parte de personajes de la poesía popular, de viejos cuentos, de ritos eslavos, de temas legendarios fantásticos y del romanticismo de Oriente y trata la ópera con gran variedad de estilos y riqueza musical. Pero también se ocupa de temas en los que la tendencia política se manifiesta claramente, como en El gallo de oro (1906-1907).

Maestro de la orquestación, ocupa un lugar destacado en la música sinfónica de finales del siglo XIX, llegando su influencia hasta Debussy y Ravel. En sus composiciones utiliza tanto modos antiguos de la iglesia como modos poco frecuentes con intervalos aumentados y disminuidos. Escribió, entre otras muchas piezas, tresSinfonías (1865-1884); Sinfonietta sobre temas rusos(1884), Capricho español (1887) y Sheherezade (1888). Finalizó y reinstrumentó algunas obras de Mussorgski (La Khovantchina y Boris Gudonov, entre otras), de Borodin (El príncipe Igor), de Dargomijsky (El Convidado de piedra) y preparó numerosas partituras de Glinka para su edición. Entre sus óperas se encuentran títulos como Mlada (1889-1890); Noche de Navidad (1894-1895); Sadko (1895-1896) y Leyenda de la ciudad invisible de Kitej y de la virgen Fevronia (1903-1905).