lunes, 1 de octubre de 2012

Estados Unidos ocultó la implicación soviética en la matanza de Katyn


Setenta y dos años después de una de las matanzas más famosas de la II Guerra Mundial continúan apareciendo detalles sobre todo lo que rodeó un episodio en el que el dictador Soviético, Josif Stalin, ordenó el exterminio del cuerpo de oficiales del Ejército polaco y de buena parte de la intelectualidad del país que se había repartido meses antes con Adolf Hitler.
Una de las fosas halladas en el bosque de Katyn, en una imagen de 1952. / AP
Entre abril y mayo 1940, los soldados soviéticos condujeron hasta el bosque de Katyn, en territorio ruso, a un total de 22.000 polacos y civiles polacos procedentes de varios campos de prisioneros. Durante varias semanas en la espesura resonaron los disparos. Los prisioneros fueron asesinados a tiros, utilizando armas alemanas. Aunque aliado entonces de Hitler, Stalin queria culpar al nazismo de la matanza en el que caso de que algún día se descubrieran. Milagrosamente algunos polacos lograron escapar con vida.
Ahora, documentos depositados en el Archivo Nacional de EE UU, desclasificados esta semana, revelan correspondencia sobre este asunto entre el presidente de EE UU, Franklin Delano Roosevelt, el primer ministro británico y el dictador soviético. Corría 1943 y Stalin era enemigo de Hitler. Junto a otros documentos, muestran como conocedores de la matanza, Washington y Londres, no estaban interesados en airearla para no poner en peligro su alianza con la Unión Soviética.
“Estamos interesados sólo en el asunto de Katyn si se muestra la complicidad alemana”, reza un telegrama del servicio de inteligencia de EE UU en respuesta a una oferta de información.
Desde Londres, el Gobierno polaco en el exilio y la Cruz Roja, presionaban para investigar el asesinato en masa. “Me inclino a pensar que el primer ministro Churchill encontrará el modo de imponerse al Gobierno polaco en Londres para que en el futuro actúe con mayor sentido común”, escribía Roosevelt en una comunicación. Por su parte en una carta a Stalin, Churchill se oponía “vigorosamente” a cualquier investigación por parte de la Cruz Roja.
En un carta, Churchill le reenvía Roosevelt las afirmaciones de un diplomático británico: “Nos hemos visto obligados a frenar a los polacos para que no saquen a la luz pública el asunto, a desalentar cualquier intento del público o la prensa de investigar a fondo esta fea historia”. “De hecho hemos utilizado el buen nombre de Inglaterra para, como hicieron los asesinos con los pinos, cubrir la matanza”. El primer ministro británico le solicita al presidente estadounidense que le devuelva el documento para evitar filtraciones.
La matanza de Katyn es todavía objeto de controversias y tensiones entre Polonia y Rusia. “Los aliados lo sabían pero con la guerra la verdad no convenía”, destacó la presidenta de la Federación de Familias de Katyn, quien expresó su deseo de que una vez que EE UU ha desclasificado sus archivos, Rusia haga lo mismo.

Paracuellos-Katyn de César Vidal.

Aprovechando el reciente fallecimiento de Santiago Carrillo y la noticia publicada en el país sobre la matanza de Katyn y la ocultación del gobierno de Roosvelt de la implicación de los soviéticos en la misma, recomiendo el libro de César Vidal "Paracuellos-Katyn".

Hace un tiempo se recomendó el "Libro negro de Carrillo" de José Javier Esparza el cual considero que es uno de los mejores libro escritos sobre Carrillo con un enfoque diferente y con ágil escritura. Desde aquí se vuelve a recomendar si se quiere profundizar en el tema. 

"El pasado siglo XX mostró entre sus características más terribles la de la perpetración del genocidio, es decir, el exterminio de sectores completos de una población por razones raciales, religiosas o políticas. La palabra genocidio trae,en primer lugar, a la mente -y es lógico que así sea- el Holocausto o la Shoah en el curso del cual seis millones de judíos encontraron la muerte a manos del nacional-socialismo alemán y sus aliados. Sin embargo, por desgracia, no sólo el nacionalsocialismo acometió políticas genocidas que costaron la vida a millones de personas. La presente obra constituye un estudio histórico sobre los crímenes contra la humanidad cometidos en Paracuellos y Katyn. En ambos casos, el resultado fue la realización de millares de fusilamientos seguidos de enterramientos masivos en fosas. En ambos casos, las atrocidades no fueron obra de incontrolados sino de las más altas autoridades. En ambos casos, los asesinatos fueron contemplados por sus ejecutores como fase indispensable en la implantación de la dictadura del proletariado. Partiendo de documentos que abarcan desde las fuentes diplomáticas a los archivos de la extinta URSS, desde los testimonios oculares a los relatos de los protagonistas, el presente libro permite señalar el número de víctimas, las circunstancias concretas y los responsables directos de los hechos relatados. Se trata, por lo tanto, de una obra absolutamente indispensable para entender la guerra civil española y la historia de las izquierdas sin mitos ni ocultaciones. "


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Pío Moa sobre Carrillo


El 16 de marzo de 2005, diversos políticos, comunicadores, periodistas, cantantes y otra gente significada, hasta 400, homenajearon en un hotel madrileño a Santiago Carrillo, ex jefe del Partido Comunista con motivo de su 90 cumpleaños. La figura principal y más representativa fue el presidente del gobierno, Rodríguez, que abrazó al viejo líder y lo calificó de “ejemplo” político; "Esta es una mesa larga y unitaria", dijo a Ibarreche, político que no oculta su ambición separatista, dirigente del PNV fundado por Sabino Arana, racista violento bien explícito en sus escritos. Juan José Ibarreche aseveró que él y toda la sociedad vasca aprecian a Carrillo por su trayectoria política. Asistió el político Miguel Herrero y Rodríguezde Miñón -- premio Sabino Arana--, ministros de Rodríguez, empezando por la vicepresidenta, junto con ex ministros y líderes autonómicos como Jordi Pujol o Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que calificó al festejado como “patriota que se sacrificó por la democracia”; José Barrionuevo, relacionado con el terrorismo del gobierno de Felipe González, periodistas como Fernando G. Delgado, cantantes como Víctor Manuel, Ana Belén o Joaquín Sabina… El rey hizo llegar una misiva transmitiendo al anciano comunista su respeto y su amistad "fraguada durante muchos años".El entonces ministro de Defensa José Bono, ausente, le remitió un soldadito de plomo, quizá en recuerdo del maquis.
 Organizaron el festejo los periodistas María Antonia Iglesias e Iñaki Gabilondo, este último el comunicador más afamado del grupo mediático PRISA e inventor o difusor del bulo de los terroristas suicidas en los trenes de la matanza del 11-m. No faltaron personajes de derecha y ex falangistas, como Rodolfo Martín Villa; ni Gregorio Peces Barba, intelectual-político socialista encargado por entonces de silenciar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo a fin de facilitar los tratos del gobierno con la ETA, bajo el título paradójico --o acaso burlesco-- de “Alto Comisionado para el Apoyo a las Víctimas del Terrorismo”. Los líderes del PP prefirieron abstenerse del llamativo banquete, por lo que Peces Barba aseguró que al acto asistían “los buenos y faltaban los malos”. Varios admiradores, periodistas como Susana Olmo, Amalia Sánchez Sampedro, María Antonia Iglesias e Iñaki Gabilondo, regalaron a Carrillo un libro de recortes de prensa con la firma de los asistentes: Noventa años de historia y vida.
Ya entrada la noche, la fiesta culminó con la retirada de la estatua de Francisco Franco del edificio madrileño conocido como Nuevos Ministerios, lugar donde permanecen las estatuas de los socialistas Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, principales jefes de la guerra civil de 1934. Un nutrido grupo de homenajeantes acudió alborozado a presenciar dicha retirada, entre ellos el cantante Víctor Manuel, que en su juventud había compuesto una canción dedicada a “la paz de Franco”.
El homenaje a los “noventa años de vida e historia” de Carrillo, coronado por el ultraje a Franco, simbolizan inmejorablemente una nueva situación política en España. Para entenderla, resumiré aquí esa larga trayectoria del primero, por lo demás bien conocida de todos los admirados asistentes a su gran fiesta de aniversario.
Santiago, hijo de Wenceslao Carrillo, un dirigente del PSOE, era en 1933-34, con diecinueve años, uno de los jefes de la Juventudes Socialistas, las cuales, a juicio del también socialista Prieto, realizaron acciones intolerables. Estas acciones consistieron en el asesinato de algunos miembros del partido derechista moderado CEDA, que no replicó del mismo modo, y de varios militantes falangistas, hasta provocar las represalias de estos. Como líder de dichas juventudes, cuyas publicaciones llamaban abiertamente a la máxima violencia, participó en el comité secreto del PSOE encargado de preparar una insurrección considerada textualmente guerra civil, con el fin de aplastar la república burguesa e imponer una dictadura semejante a la soviética de Stalin, como también proclamaban sin vacilación (1).
Vencida la insurrección, Carrillo, desde la cárcel, se acercó más a los comunistas y exigió “bolchevizar” el PSOE, es decir, convertirlo en un disciplinado aparato para tomar el poder por la fuerza cuanto antes. Tras reanudarse la guerra en 1936, pasó al PCE, organización por completo dependiente de Moscú (y orgullosa de ello). El PCE aprovechó las circunstancias bélicas para crearse rápidamente un aparato militar (el Quinto Regimiento) que le permitiera prevalecer sobre sus aliados del Frente Popular, y para organizar, junto con el gobierno y los demás partidos de izquierda, un terror mortífero contra las derechas y, a veces, también contra sus aliados.
Carrillo se dedicó a la segunda tarea, y cuando ocurrió la batalla de Madrid, en noviembre de 1936, presidía el aparato represivo de la Junta de Defensa de la capital. Ha sido acusado, por ello, de numerosos asesinatos y en especial de la mayor matanza de toda la guerra, realizada en Paracuellos del Jarama y otros puntos de la provincia de Madrid. Carrillo ha alegado durante mucho tiempo ignorar tales hechos y hasta el nombre de Paracuellos; pero recientemente su memoria mejoró, y afirmó “haber hecho todo lo posible para evitar la matanza que se produjo –según él—cuando grupos incontrolados asaltaron un convoy de militares prisioneros”. Mejora parcial, porque la matanza no tiene los rasgos de la improvisación de supuestos incontrolados –que casi nunca lo fueron—, sino los de un planeamiento cuidado, de estilo soviético; y no se trató de un convoy de militares prisioneros, sino de todo tipo de gente, incluidos adolescentes, prácticamente niños. Los testimonios del diplomático Félix Schlayer, las investigaciones de Ricardo de la Cierva, César Vidal, José Manuel Ezpeleta, las del mismo Ian Gibson, que dice “comprender” la masacre, etc., apuntan claramente a Carrillo. A duras penas podría ser de otro modo estando él a la cabeza del orden público, que en aquellas circunstancias no significaba otra cosa que la aplicación del terror; sin olvidar su considerable experiencia en la dirección de actos terroristas desde 1934. Recientemente un historiador pro comunista, Jorge Martínez Reverte, ha querido desviar la responsabilidad hacia los ácratas -- una tradicional táctica del PCE--, pero ha sido desmentido, y fue en esta ocasión el anarquista Melchor Rodríguez quien detuvo las matanzas asumiendo un serio riesgo personal. Las excusas, justificaciones, pérdidas de memoria y cambios de opinión de Carrillo hablan por sí solos, y hay muy pocas dudas sobre su responsabilidad. Los asistentes al homenaje conocían perfectamente esta faceta del antiguo jefe de las Juventudes Socialistas.
 Terminada la guerra española con la derrota de los suyos, el homenajeado pasó la mayor parte de la guerra mundial en América, desde donde trataba, en vano, de organizar nuevas acciones en la España de Franco. Su mejor ocasión llegó hacia el final de la contienda en Europa, cuando casi todo el mundo esperaba la caída del dictador gallego. Entonces Carrillo, ya un destacado jefe comunista, dirigió desde Francia el maquis que intentaba explotar las muy favorables circunstancias internacionales y el presumible descontento dentro de España para reiniciar la guerra civil, con la natural esperanza de vencer esta vez. Las guerrillas debían cundir por el país, desestabilizar al régimen y provocar una intervención de los Aliados en último extremo. También este proyecto volvió a fallar, no sin dejar varios miles de muertos (Trato estos episodios en Sonaron gritos y golpes a la puerta)
La derrota del maquis obedeció, ante todo, a su escaso apoyo en la población, indicio de una considerable popularidad del régimen a pesar de las duras condiciones de vida existentes. Además, el terror practicado por los comunistas durante la guerra civil contra sus propios aliados, para meterlos en vereda, dificultaba la captación de gente de otras tendencias. Por las armas, pues, no había salida.
La realidad impuso un cambio de táctica y, con la anuencia de Stalin, el PCE volvió a la línea, antaño provechosa, de los frentes populares: infiltración en los sindicatos, las universidades, el mundo artístico, empleo masivo de la consigna de “libertades”, de “reconciliación nacional” y de una retórica de paz, con objeto de atraerse a sectores descontentos y llegar a una “Huelga Nacional Pacífica”, dirigida por los comunistas, pero en la que debía participar casi todo el país. Consignas poco sugestivas para la población, pues casi todo el mundo consideraba la guerra cosa pasada, ya había paz y reconciliación para la gran mayoría, y las libertades, en boca de los comunistas, convencían a pocos.
Por ello los progresos del PCE, plenamente mandado por Carrillo desde mediados de los 50, fueron muy lentos; aunque no inexistentes, sobre todo cuando logró hacerse con las Comisiones Obreras, independientes en teoría pero en la práctica férreamente controladas por los “carrillistas”. Las maniobras de Carrillo para hacerse líder indiscutible incluyeron las habituales purgas, a veces asesinatos de “camaradas” desafectos, y provocaciones diversas, como han expuesto Líster y otros (2).
Próxima la muerte de Franco, el PCE seguía siendo pequeño, con menos de 10.000 afiliados; pero era el único con una organización algo seria y disciplinada, que podía jactarse de haber llevado a cabo una lucha sostenida contra el régimen de Franco y de haber sufrido más cárceles y sacrificios. Para ampliar sus alianzas, Carrillo formó la Junta Democrática, y el PSOE, que renacía con todas las bendiciones de la burguesía como rival del PCE, fundó la Plataforma de Convergencia Democrática. Junta y Plataforma. A ambas les unía un rechazo frontal al franquismo, a Juan Carlos I y a las reformas democráticas planteadas desde la dictadura, frente a las cuales alzaban la bandera de la “ruptura”, para enlazar legal e ideológicamente con el Frente Popular. Durante el año 1976, en situación práctica de libertades, Junta y Plataforma coordinadas desplegaron una intensísima y bien financiada agitación, que sin embargo no les dio el resultado apetecido y fracasó, una vez más.
 Carrillo había inventado con otros partidos correligionarios el “eurocomunismo”, distanciándose algo de Moscú en una versión ampliada de los frentes populares y sin dejar la ideología marxista. Pronto comprendió que su partido y la oposición carecían de fuerza suficiente para liderar los cambios, y, más alarmante aún, que el franquismo pensaba legalizar al PSOE, pero vacilaba en hacerlo con el PCE, mientras Felipe Gonzáles no hacía ascos a mantener a su competidor comunista fuera de la ley. Ante tal debilidad y tal amenaza, Carrillo dio ejemplo de moderación: como la mayoría de los demás, aceptó la reforma auspiciada por los franquistas, incluida la monarquía de Juan Carlos y la bandera tradicional, bajo la que había sido vencido el Frente Popular, así como la propiedad privada y la economía de mercado. Fue legalizado, y la ruptura –sostenida después por la ETA y otros grupos terroristas o extremistas—quedó como un sueño inalcanzado, aunque quizá alcanzable algún día.
La democracia condujo con bastante rapidez a la crisis del PCE y del propio Carrillo: su invocación a su larga lucha contra el franquismo atrajo a pocos votantes. El gran beneficiado fue el PSOE, que no había combatido a la dictadura, había sido tolerado por ella en sus últimos años, y gozaba del apoyo financiero y mediático de importantes fuerzas españolas y extranjeras. El homenaje al ex dirigente comunista cobraba así un tinte de irónico desagravio: durante el franquismo él había representado la única alternativa política real (que quizá por ello no llegó a realizarse)… para verse burlado al final por los representantes de la dictadura y por unos socialistas que habían colaborado con ella, activa o pasivamente. Y que ¡en 2005!, treinta años después de muerto el dictador, exhibían una combatividad antifranquista nunca antes vista.  Sin estos datos, hoy tan a menudo olvidados o tergiversados, no entenderíamos la historia reciente.
¿Qué significaba la fiesta a Carrillo y la retirada de la estatua de Franco en aquel aniversario redondo? Ni más ni menos que la vuelta a aquella ruptura frustrada durante la transición, y que los festejantes consideraban posible, por fin, con un gobierno surgido en buena medida del manejo de la matanza del 11-m, manejo que desvió del terrorismo islámico la culpa del crimen para descargarla sobre Aznar y el PP. Se trataba de una “segunda transición”, aunque el término dejó de usarse pronto. La primera transición había sido desde el franquismo a la democracia; la segunda, sería desde la democracia a otra cosa, y esa otra cosa la simbolizaban mejor que nadie Carrillo y un presidente que se declaraba “rojo”, palabra tan reveladora.
 El homenaje está ligado a la entonces prevista ley conocida como de Memoria histórica, instrumento para imponer a la sociedad una visión determinada del pasado, a las “negociaciones” con la ETA a costa del estado de derecho, de la Constitución y de las víctimas directas con el supuesto fin de conseguir una “paz” ya existente desde 1939; se liga al ensalzamiento del Frente Popular y de Juan Negrín, a la actitud comprensiva hacia dictaduras como la de Fidel Castro al extraño juicio por la matanza del 11-m y a otros fenómenos bien conocidos. (Y, actualmente, a la situación de ruina en que dejan al país, sin mostrar por ello el menor remordimiento).

Blog:presenteypasado

martes, 18 de septiembre de 2012

Embajadas Curiosas. Pedro Voltes.

Después de un parón por cuestiones personales, retomamos la actividad del blog con la recomendación de un buen libro.

El libro en cuestión es "Embajadas curiosas" de Pedro Voltes. Pedro Voltes Bou era un prolífico historiador catalán que tocó una gran variedad de temas, desde los 4 tomos del "Reverso de la Historia" hasta su especialidad que era el siglo XVIII con biografías de Felipe V, Fernado VI, Carlos III o Fernando VII.

En el libro de "Embajadas curioas" nos cuenta los recreos y zozobras de los diplomáticos españoles desde las tempranas embajadas a Carlomagno hasta la epopeya de Ángel Sanz Briz. Tengo que reconocer que he disfrutado enormente con su lectura por dos razones fundamentales, su amenidad y cultura.

Aunque a veces nuestros diplomáticos se la han visto y deseado para llevar a cabo sus funciones y no siempre han sido tratados con todo el respeto que han merecido por parte del gobierno de turno (véase el caso de Sinibaldo de Mas), no dejaron de cumplimentar su labor y a veces más allá de su rol.

Después de leer este libro el orgullo de sentirse español se acentúa si cabe más por el hecho de compartir con los personajes de este libro una de las pocas cosas serias que se puede ser en este mundo: español.

domingo, 26 de agosto de 2012

Fallece José Antonio Vaca de Osma


"Realmente siento el fallecimiento del Sr Vaca de Osma. Sus libros han ayudado a formar el amor profundo que tengo a la historia en general y la española en particular. Antes de enterarme de su fallecimiento me había puesto a releer su "Historia de España para jóvenes del siglo XXI" y he vuelto a sentir la misma emoción de cuando la leí la primera vez. Desde aquí le mando mi más sincero agradecimiento por su trabajo y sólo ansío que Dios le tenga en su gloria." 

Fallecido en Madrid el lunes a los 91 años, fue nombrado gobernador civil de Ávila en agosto de 1957, cargo que ocupó hasta el 16 de abril de 1966, nueve años en los que apoyó la realización de numerosas obras en la capital como en la provincia, en un momento en el que el Gobierno pudo acometer inversiones. De ahí que su afán de favorecer el desarrollo de infraestructuras, en el nivel de entonces, propiciase que en forma de agradecimiento las calles de algunos municipios de la provincia lleven su nombre, o que fuera declarado hijo adoptivo, como en Madrigal de las Altas Torres.

Tras cesar en el cargo, mantuvo estrecha vinculación con la provincia, de ahí que decidiera ubicar el panteón familiar en el camposanto abulense.

Vaca de Osma fue, aparte de político, diplomático de formación, e historiador autodidacta y de vocación, una faceta que cultivó ampliamente y con fruición, con obras de diversa y variada temática, entre las que destacan las dedicadas monográficamente a reyes, como Alfonso XIII, Alfonso XIV, Carlos III, Alfonso II, Juan de Austria, Reyes Católicos, Fernando el Católica, Carlos I y Felipe II, o la dedicada a los reyes españoles de la Edad Media, y las centradas en personajes como Hernán Cortés y Francisco de Goya.

‘Así se hizo España’, ‘Los catalanes en la historia de España’ o ‘Los vascos en la historia de España’ o ‘Historia de España para jóvenes del siglo XXI’ muestran su interés por el origen del país, en una bibliografía de una treintena de títulos, la mayoría publicados en las tres últimas décadas, recordando la figura del dictador, como en ‘La larga guerra de Francisco Franco’ (1991) o ‘Paisajes con Franco al fondo’ (1987), o ‘Patriotas que hicieron España’ (2007).
‘Nueva historia de Madrid’ y ‘España y Francia. Historia secular de un desencuentro’ (2007) fueron algunos de sus últimos trabajos.

Nacido el 3 de noviembre de 1921, fue detenido en Santander por el bando republicano, consiguiendo pasar a la zona nacional, siendo fundador del SEU (Sindicato Español Universitario) en San Sebastián, incorporándose a la Falange de Vizcaya y como voluntario especial a la Agrupación de Artillería del Cuerpo del Ejército Marroquí, según la biografía de cuando fue nombrado gobernador.

Licenciado en Derecho, ingresó en la carrera diplomática en 1946, ejerciendo diversos puestos como funcionario diplomático destinado en la Embajada de España en Venezuela, puesto que ocupaba cuando fue nombrado gobernador civil, a los 35 años.

Al acabar la dictadura, en las segundas elecciones generales y tras aprobarse la Constitución, intentó entrar en la política democrática, para lo que se presentó al Senado en Ávila por Coalición Democrática, formación liderada por Manuel Fraga, pero con 11.088 votos no pudo obtener escaño.

Miembro de las academias de la Historia y de Jurisprudencia y Legislación, también fue responsable de actividades culturales en España y en el extranjero. Era caballero de las órdenes de Carlos III, de Isabel la Católica y de la Legión de Honor francesa, comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio, de Cisneros, de la Corona de Bélgica, del Mérito de la República Italiana, Gran Cruz del Mérito Civil y Medalla de Oro de Ávila, miembro del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y Caballero de la Orden de San Fernando. Fue galardonado con el Premio Sánchez Albornoz en 1993.




Fuente: Ávilared. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Las tribus urbanas de Madrid... hace 200 años


Una noticia curiosa. 

Madrid es un hervidero de tribus urbanas. Emos, pijos, mods, raperos, punks, góticos... Lo que para muchos es tener auténtica personalidad, para la sociología es una forma de pertenencia a un grupo, una forma de socializar, algo inherente al ser humano. Para otros son masas homogéneas –pero separadas– de piercings, tatuajes, marcas caras, «flequillazos»... que han surgido hace relativamente poco. Pero lo cierto es que hace ya cientos de años que las tribus urbanas existen. Al menos en la capital. En el Madrid del siglo XVIII ya se identificaban algunas de las que existen referencias pictóricas gracias a artistas como Goya y Atienza. Tribus urbanas, sí, pero castizas.
1. Donlindos. Actualmente, sería algo así como el «pijerío» de la alta sociedad. Con dinero y sin oficio, visten a la última moda y acuden a todos los eventos culturales y sociales posibles: tertulias, teatros, paseos, casas de juego y mesones. Se les reconocerá por sus pomposos adornos y peinados.
2. Petimetres. Esta «tribu» aparece ya en la época de los Borbones. El término fue españolizado, ya que proviene del francés «petit maitre», que sería algo así como «Directorcillo de Salón». El petimetre corresponde a la baja aristocracia, aunque es afrancesado, ocioso y amanerado, y representa los valores de la Ilustración. Por lo general, les gusta viajar y vestir con la moda de otros lugares, como medias de seda, camisas de volantes y joyas por doquier. Sus acompañantes son las petimetras que, por lo general, utilizan neologismos y palabras vanguardistas. Vamos, los «modernos malasañeros» del siglo XVIII.
3. El Majo y la Maja. El Majo madrileño exagera su aspecto racial y rechaza todo lo que viene de fuera. Es el español por excelencia, en contraposición al petimetre. Le gusta el fandango, la tauromaquia y demás diversiones populares. Habitualmente, portan camisas bordadas, chaleco, zapatos con hebilla y un imprescindible: capa española sobre el hombro y navaja en la cintura. Por lo general, el Majo es insolente y arrogante. Su acompañante, la Maja, es deslenguada, alegre y algo pícara. El suceso más destacable de este colectivo fue el del Dos de Mayo (1808), cuando el pueblo español se alzó contra las tropas francesas.
4. Chisperos. Este término hace referencia a los hombres apicarados –los lazarillos tormesianos– del pueblo bajo de Madrid. Su nombre proviene de su oficio de herreros y solían habitar las calles de Barquillo, Belén o Válgame Dios.
5. Los Manolos. Estos eran, por lo general, carpinteros y torneros, aunque algunos historiadores apuntan a que la mayoría de ellos soñaban con ser toreros o tener un prostíbulo. Los «manolos» –gentilicio de Manuel y nombre obligado del primogénito en las familias de judios conversos– dominaban el barrio de Lavapiés (conocido en aquel siglo, el XVIII, como Avapiés). De carácter fanfarrón y algo vulgares y socarrones, eran popularmente conocidos como «los señoritos andaluces de Madrid».

sábado, 28 de julio de 2012

Anécdota histórica de los Juegos Olímpicos

Al frente de la expedición hacia Londres se colocó José Moscardó, presidente del Comité Olímpico y célebre en la España franquista por su defensa del Alcázar de Toledo durante la Guerra Civil. Antes de aterrizar en suelo británico, el militar tomó la palabra y animó a los 64 enviados, todos hombres: "Muchachos, ahora que vamos a poner pie en esta tierra de cabrones, gritemos todos bien alto: ¡Arriba España!".