sábado, 26 de julio de 2014
Los nobles e innobles validos. José Antonio Vaca de Osma.
¿Quiénes son los validos? Si el res está en su sitio, <<del rey abajo ninguno>>. ¡Ah!, pero si el rey falla, ahí está el valido para convertirse en protagonista de la historia.
La figura del valido o privado tiene gran importancia en carios períodos fundamentales de nuestro devenir histórico. El valido español es un personaje característico, interesantísimo y diferente en muchos aspectos. Y lo más curioso es que, en épocas bien distintas y muy alejadas en el tiempo, aparecen estos hombres con unos rasgos y unas actuaciones que hacen de ellos un curioso fenómeno, personas parecidas entre sí en sus caracteres, en sus virtudes, en sus defectos... Parecen intercambiables a través de los siglos.
Nunca se ha publicado una obra que trate conjuntamente de estos personajes, y menos aún de un modo ameno, preciso y asequible para todos los públicos. Nunca se han descrito y comparado las figuras, del siglo XIV al XIX, de un Álvaro de Luna y de un Godoy pasando por el duque de Lerma, el conde-duque de Olivares y don Juna José de Austria, el gran hijo bastardo de Felipe IV, entre otros.
Las vidas de los validos son verdaderas novelas, bografías apasionantes en las que hay intrigas, luchas, amores, pasión, aventura, anécdotas, humor, tragedia... El lector juzgará acerca de su nobleza.
La figura del valido o privado tiene gran importancia en carios períodos fundamentales de nuestro devenir histórico. El valido español es un personaje característico, interesantísimo y diferente en muchos aspectos. Y lo más curioso es que, en épocas bien distintas y muy alejadas en el tiempo, aparecen estos hombres con unos rasgos y unas actuaciones que hacen de ellos un curioso fenómeno, personas parecidas entre sí en sus caracteres, en sus virtudes, en sus defectos... Parecen intercambiables a través de los siglos.
Nunca se ha publicado una obra que trate conjuntamente de estos personajes, y menos aún de un modo ameno, preciso y asequible para todos los públicos. Nunca se han descrito y comparado las figuras, del siglo XIV al XIX, de un Álvaro de Luna y de un Godoy pasando por el duque de Lerma, el conde-duque de Olivares y don Juna José de Austria, el gran hijo bastardo de Felipe IV, entre otros.
Las vidas de los validos son verdaderas novelas, bografías apasionantes en las que hay intrigas, luchas, amores, pasión, aventura, anécdotas, humor, tragedia... El lector juzgará acerca de su nobleza.
viernes, 11 de julio de 2014
Escenas Matritenses. Ramón de Mesonero Romanos.
Hay que reconocer que ha sido sólo a Madrid a quien se le ha cantado, como lo hacía Agustín Lara y es sólo a Madrid a quien se la ha escrito y dedicado libros.
Uno de los madrileños más egregios, pero cada vez más desconocido es Ramón de Mesonero Romanos, testigo excepcional de un siglo XIX español y madrileño digno de ser recordado. Para ello, nada mejor que estas escenas matritenses, seleccionadas por Ramón Gómez de la Serna con buen gusto, añado yo, que nos llevan a otra época, madre de la nuestra, que como malos hijos hemos olvidado.
Este es un libro que todo hispano-hablante debe leer, pero que para cada madrileño es de lectura obligada, ya que hace revivir esa ciudad que nos lleva al cielo.
Uno de los madrileños más egregios, pero cada vez más desconocido es Ramón de Mesonero Romanos, testigo excepcional de un siglo XIX español y madrileño digno de ser recordado. Para ello, nada mejor que estas escenas matritenses, seleccionadas por Ramón Gómez de la Serna con buen gusto, añado yo, que nos llevan a otra época, madre de la nuestra, que como malos hijos hemos olvidado.
Este es un libro que todo hispano-hablante debe leer, pero que para cada madrileño es de lectura obligada, ya que hace revivir esa ciudad que nos lleva al cielo.
domingo, 8 de junio de 2014
Obertura La mar en calma y viaje feliz de Felix Mendelssohn.
martes, 3 de junio de 2014
Los demonios familiares. Alfonso Paso.
Poco más de 100 páginas, sí, solo 100 páginas, pero que páginas. La cantidad no es sinónimo de calidad y este libro es un grandísimo ejemplo de ello.
Alfonso Paso fue un celebérrimo autor teatral, ya pasado tristemente al olvido por este despotismo sin ilustrar que nos gobierna.
La expresión "Los demonios familiares" era una expresión usada por Franco para describir los males que han achacado y achacan a España.
A pesar de la identificación de esos males que hace el autor, el libro es una ensayo sobre la historia de España, breve pero bastante culta y con un gran conocimiento de los temas que trata.
Para mi, la tesis principal de libro es la de la busqueda del caudillismo en la historia de España. Para ser más exacto, España ha funcionado cuando ha tenido un caudillo o rey-caudillo como diría mi queridísimo José Antonio Vaca de Osma.
Es un libro que recomiendo encarecidamente, el autor escribe con una claridad meridiana, sin ningún tipo de complejos y desde el má profundo patriotismo.
Alfonso Paso fue un celebérrimo autor teatral, ya pasado tristemente al olvido por este despotismo sin ilustrar que nos gobierna.
La expresión "Los demonios familiares" era una expresión usada por Franco para describir los males que han achacado y achacan a España.
A pesar de la identificación de esos males que hace el autor, el libro es una ensayo sobre la historia de España, breve pero bastante culta y con un gran conocimiento de los temas que trata.
Para mi, la tesis principal de libro es la de la busqueda del caudillismo en la historia de España. Para ser más exacto, España ha funcionado cuando ha tenido un caudillo o rey-caudillo como diría mi queridísimo José Antonio Vaca de Osma.
Es un libro que recomiendo encarecidamente, el autor escribe con una claridad meridiana, sin ningún tipo de complejos y desde el má profundo patriotismo.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Las espaldas anchas de Calvo Sotelo. Kiko Méndez-Monasterio.
Magnífico artículo de Kiko Méndez-Monasterio.
Cuando colaboró con la dictadura de Primo de Rivera, la derechona caciquil le llamaba “el ministro bolchevique” porque estaba resuelto a terminar con el fraude fiscal de los terratenientes, porque desde siempre tomó conciencia del problema social e hizo todo lo que estuvo en su mano por mejorar las condiciones de vida y trabajo de los obreros. La grandeza de España, menguada más allá de lo miserable, se conjuró para no dirigirle la palabra en las recepciones de Palacio. Si le hubiesen permitido continuar su obra, probablemente el socialismo no habría encontrado tantas ventajas para manipular a las masas obreras.
Muchos años después, un domingo por la mañana, José Calvo Sotelo había acudido a misa en la parroquia de La Concepción, y después a visitar a su padre convaleciente. La tarde la pasó en casa, en compañía de su familia, escuchando e interpretando música de Schubert. Con la oscuridad llegaron los asesinos. La revolución había aparcado su camioneta en la calle Velázquez esquina con Diego de León, y de ella bajaron policías y civiles, pretorianos de Largo Caballero, de Indalecio Prieto, de Margarita Nelken, los diputados socialistas directamente vinculados con el crimen.
“Policía. Abran o echamos la puerta abajo. Venimos a hacer un registro”
Removieron con desgana unos cuantos libros, encontraron una bandera bicolor y la rasgaron con rabia. “Tiene que acompañarnos a la Dirección General de Seguridad”. Paradójicamente, las revolucionarios siempre tienen la necesidad de citar una institución para amparar sus crímenes, algo que camufle de legalidad su sed de sangre.
“No vayas, Pepe, te van a matar”. Pero el diputado le pide a su mujer que guarde silencio: “se van a reír de ti, y entonces no respondo”. Se despide con un beso de sus hijos. Y es que quiere salir del domicilio, es decir, afrontar la muerte, con la misma dignidad que ha mostrado en toda su carrera política. Ya lo había profetizado en el Congreso, cuando el presidente del gobierno, jaleado por la Pasionaria y la Nelken, lanzaba contra él insultos y amenazas.
“Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de los actos que yo realice. Y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi Patria y para gloria de España, las acepto también. ¡Pues no faltaba más! Yo os digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis. Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio.
Varios amigos le avisaron de que existían órdenes para asesinarle, pero se negó a adelantar sus vacaciones, como hicieron otros. “Ahora no me puedo marchar. Mis intervenciones parlamentarias mantienen en tensión a las pobres gentes perseguidas, acorraladas”. Estaba resuelto a quedarse, no por temeridad, sino porque su voz era casi la única que todavía se enfrentaba a la revolución en marcha. El estado de alarma permanente que decretaba el gobierno imponía la censura a los periódicos, pero los discursos del parlamento, por ley, no podían silenciarse, y Calvo Sotelo utilizaba el Congreso para dar cuenta de la anarquía en la que había degenerado la república. Trataba de convencer al Ejército y a las otras derechas -condescendientes, acomplejadas, miedosas- de la necesidad de una reacción, antes de que fuese imposible detener la marea revolucionaria y rupturista. No le hicieron caso en vida, tuvo que ser su cadáver, arrojado en el cementerio del Este, el que hiciera entender lo irreversible de la situación creada en una República devorada por el socialismo y los separatistas. Cuarenta mil personas acudieron a su entierro, y cuando trataron de transformar el sepelio en manifestación de protesta fueron tiroteados por la fuerza pública, resultando cinco muertos, decenas de heridos, y el arresto de los policías que se quejaron de tan desproporcionada represión. O sea, la guerra.
lunes, 19 de mayo de 2014
Mentiras históricas comúnmente creídas. José Luis Vila-San-Juan.
Tengo que reconocer que la lectura de este libro ha sido una de las más placenteras que he tenido hace tiempo. Aparte de su amenidad, es un libro culto, bien escrito y que suscita el interés por otros temas, así como te descubre cosas muy curiosas.
Es importante señalar que son dos tomos, en total suman unas 500 páginas, las cuales se leen con bastante rapidez.
Escrito por José Lus Vila-San-Juan, aviador y escritor, fallecido en el 2004. Autor de una serie de estupendos libros sobre historia de España como "Los reyes carlistas" "Alfonso XIII: un rey, una época", así como otros más genéricos como el que nos ocupa.
A través sus páginas nos podemos deleitar con 49 mentiras históricas que han sido comúnmente creídas, tales como: los siete sabios de Grecia, no eran siete, la cesárea no viene de Julio César, las tres carabelas de Colón no eran tres, Nerón no incendió Roma, Roosvelt probablemente sabía que Japón atacaría Pearl Harbor o que Cataluña nunca fue independendiente.
Estos son algunos de los ejemplos que podemos encontrar. Realmente recomiendo su lectura. El autor hizo acopio de un gran conocimiento para escribir este libro e investigó concienzudamente para poder esclarecer detalles que a simple vista pasan desapercibidos. Poner el sencillo ejemplo de ¿por qué el coronel Moscardó no llevó a su familia al Alcazar?
Lecturas como la de este libro nos hace más libres por el simple hecho de contar la verdad, y no existe derecho superior a la verdad.
Es importante señalar que son dos tomos, en total suman unas 500 páginas, las cuales se leen con bastante rapidez.
Escrito por José Lus Vila-San-Juan, aviador y escritor, fallecido en el 2004. Autor de una serie de estupendos libros sobre historia de España como "Los reyes carlistas" "Alfonso XIII: un rey, una época", así como otros más genéricos como el que nos ocupa.
A través sus páginas nos podemos deleitar con 49 mentiras históricas que han sido comúnmente creídas, tales como: los siete sabios de Grecia, no eran siete, la cesárea no viene de Julio César, las tres carabelas de Colón no eran tres, Nerón no incendió Roma, Roosvelt probablemente sabía que Japón atacaría Pearl Harbor o que Cataluña nunca fue independendiente.
Estos son algunos de los ejemplos que podemos encontrar. Realmente recomiendo su lectura. El autor hizo acopio de un gran conocimiento para escribir este libro e investigó concienzudamente para poder esclarecer detalles que a simple vista pasan desapercibidos. Poner el sencillo ejemplo de ¿por qué el coronel Moscardó no llevó a su familia al Alcazar?
Lecturas como la de este libro nos hace más libres por el simple hecho de contar la verdad, y no existe derecho superior a la verdad.
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