sábado, 5 de mayo de 2018
Baroja. Diccionario Aquilonia.
Baroja
Apellido español.
Datos del Apellido
Es oriundo de la aldea homónima, junto a Peñacerrada, en Alava. Sus caballeros usaban escudo terciado en palo: primero de oro con una caldera de sable y debajo un león rampante de gules; segundo de azur con tres lises de oro en vertical; y tercero de oro con una torre de piedra y un brazo armado de hierro en las almenas sosteniendo una bandera blanca con una cruz roja .
Baroja, como primer apellido, contaba unos 400 portadores en España, hecha deducción de los inmigrantes , el 24 por ciento nacidos en la provincia de Logroño, el 17 en la de Alava, el 11 en la de Vizcaya, el 11 en la de Barcelona y el 10 en la de Guipúzcoa, según datos del INE para el año 2010.
Pío Baroja
Escritor español de la Generación del 98. Nació en San Sebastián en las navidades de 1872. Su padre, el ingeniero de minas Serafín Baroja Zornoza, era liberal y había compuesto versos contra los carlistas. Su madre fue Carmen Nessi Goñi, siendo su primer apellido de origen lombardo según Caro Baroja. Estudió la carrera de Medicina y se doctoró en 1893 con la tesis El Dolor: Estudio Psicofísico. Fue médico en Cestona, donde riñó con el médico más antiguo, titular de la plaza, y regentó la panadería madrileña Viena Capellanes, herencia de su tía Juana Nessi.
Sobresalió como novelista. Su primera publicación fue Vidas Sombrías, en 1900, colección de narraciones, unas con influencias de Poe, Dickens y Dostoievsky; otras originales, como Mari Blecha. Esta colección, añadiendo Elizabide el Vagabundo, dio origen a los Idilios Vascos, en 1902. Son de asuntos vascos: La Casa de Aizgorri, novela dialogada de 1900, que refleja la vida industrial; El Mayorazgo de Labraz, en 1903, cuya acción se sitúa en un pueblo del interior, con personas y paisajes reales, que se mueven en un ambiente tradicional; y Zalacaín el Aventurero, en 1909, novela de aventuras de la guerra carlista, que al autor le parece de las más bonitas y perfiladas que ha escrito. Describe la vida de los marinos vascos en Las Inquietudes de Shanti Andía, en 1911. También es de ambiente vasco La Leyenda de Jaun de Alzate, en 1921. Son novelas psicológicas: Aventuras, Inventos y Mixtificaciones de Silvestre Paradox, en 1901, obra extraña, en parte autobiográfica, escrita por trozos sin gran unidad ni armonía, que describe la vida bohemia de Madrid, con tendencia satírica; Paradox Rey, en 1906, serie de cuadros fantasmagóricos, a veces bufona, a veces agresiva, muy radical, que podría parangonarse con la Conquista del Reino de Maya, de Ganivet; y Camino de Perfección, en 1902. La Lucha por la Vida, en 1904, es una trilogía formada por La Busca y Mala Hierba, estas dos primeras novelas formadas por un desfile fotográfico de tipos de las clases bajas de Madrid, y Aurora Roja, la tercera, ácrata. Pinta de un modo muy original la vida andaluza en La Feria de los Discretos, en 1905, y el medio en que él vivía en París en Los Ultimos Románticos, en 1906, y Tragedias Grotescas, en 1907. En el atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII el día de su boda se inspira La Dama Errante, en 1908, y La Ciudad de la Niebla, en 1909. En opinión del autor, El Arbol de la Ciencia, en 1911, sería su mejor novela de carácter filosófico y el libro más completo y acabado de todos los suyos. Sigue una serie de novelas agrupadas bajo el epígrafe de Memorias de un Hombre de Acción, basada en la vida de Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen, que tiende a hacer la historia del desarrollo de las ideas liberales en España en el siglo XIX, desde la primera El Aprendiz de Conspirador, en 1913, hasta la vigésimosegunda Desde el Principio hasta el Fin, en 1935. Esta serie, en la que Baroja ya no se muestra tan rebelde como anteriormente, ha sido comparada con los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós: la principal diferencia entre ambas obras estriba en que, mientras el autor canario trata de hacer resaltar la unidad de la época y aun de caracteres, al vasco le interesa el verismo, la multiplicidad, los hechos menudos y el rasgo psicológico, la sensación. Recopilaciones de artículos suyos son El Tablado de Arlequín, en 1903, y El Nuevo Tablado de Arlequín, en 1917. En este último año, Juventud Egolatría es un libro áspero, del tono de Nietzsche . Otras obras son: César o Nada, en 1912; La Dama de Urtubi, sobre la brujería en Navarra, en 1916; El Laberinto de las Sirenas, en 1924; Las Veleidades de la Fortuna, en 1926; Nocturno del Hermano Beltrán, en 1929; Los Pilotos de Altura, en 1929; Aviraneta: la Vida de un Conspirador, biografía, en 1931; La Estrella del Capitán Chimista, en 1931; Van Halen: el Oficial Aventurero, biografía, en 1933; y Las Noches del Buen Retiro, en 1934.
Pío Baroja fue nombrado numerario de la Academia de la Lengua en 1934. Estuvo a punto de ser fusilado por los requetés en la guerra civil, pero fue salvado por Carlos Martínez-Campos. Acto seguido, pasó a Francia. Calmadas las aguas, volvió en 1937. Su libro Judíos, Comunistas y demás Ralea era una recopilación de artículos revisada por su sobrino Julio Caro Baroja y prologada por el falangista Ernesto Giménez Caballero, que se publicó en Valladolid en 1938. Entre sus últimas obras podemos citar: El Caballero de Erlaiz, en 1943; Desde la Ultima Vuelta del Camino, memorias, en 1944; y Ciudades de Italia, en 1949. Murió en Madrid en 1956 y fue enterrado en el cementerio civil de esta capital.
Julio Caro Baroja
Historiador y sociólogo español perteneciente a la Generación del 39. Nació en Madrid en 1914, hijo del editor Rafael Caro Raggio y de Carmen Baroja Nessi, hermana de Pío Baroja. Fue quien gestionó la publicación de Judíos, Comunistas y demás Ralea en la España Nacional. Su vasta producción contiene los siguientes títulos: Algunos Mitos Españoles y otros Ensayos, en 1944; El Toro de San Marcos, artículo, en 1944; Los Pueblos de España, en 1946; Las Brujas de Fuenterrabía, artículo, en 1947; Mascaradas y Alardes de San Juan, artículo, en 1948; Los Vascos, en 1958; Los Judíos en la España Moderna y Contemporánea, en 1961; Las Brujas y su Mundo, un gran éxito editorial, en 1961; Mascaradas de Invierno, tres artículos, en 1963, La Sociedad Criptojudía en la Corte de Felipe IV, en 1963; El Carnaval, en 1965: El Señor Inquisidor y otras Vidas por Oficio, ensayos, en 1968; La Hora Navarra del XVIII, en 1969; Inquisición, Brujería y Criptojudaísmo, en 1970; Ritos y Mitos Equívocos, en 1974; Los Moriscos del Reino de Granada, en 1976; y Sobre la Lengua Vasca y el Vasco-Iberismo, libro bastante flojo, en 1978. Murió en la localidad navarra de Vera de Bidasoa en 1999.
¿CREACIÓN O EVOLUCIÓN? El Faro de Alejandría.
lunes, 30 de abril de 2018
Céline, ese genio del estilo.
KYZYL KUM

Leer a Céline es conocerle. No hay lugar a dudas, la mejor forma de conocerle es leyendo Viaje al fin de la noche, tan autobiográfica como todas sus novelas, pero, si cabe, la que concierne a ciertos episodios cruciales en su vida.
Pero ¿cuál era el estilo literario de Céline?
¿Qué es la noche para Céline?
Leer a Céline es conocerle. No hay lugar a dudas, la mejor forma de conocerle es leyendo Viaje al fin de la noche, tan autobiográfica como todas sus novelas, pero, si cabe, la que concierne a ciertos episodios cruciales en su vida.
Pero ¿cuál era el estilo literario de Céline?
Céline era un oráculo locuaz de los vicios inscritos en el código genético de la especie humana desde el principio de los tiempos Se habla mucho, en este sentido, de su pesimismo antropológico, saludable, genuino, pero muy poco de su incisiva ironía y de su incomparable humor negro, de su mordacidad cínica y de su asombroso don para burlarse de todo cuanto pasa en sociedad por sublime o por abyecto, ya sean las ilusiones colectivas, los ideales elevados, las pulsiones sexuales, los intereses prosaicos o los melodramas sentimentales.
Se habla mucho de su violencia verbalizada, pero muy poco de su delicadeza sensorial, de su enorme sensibilidad para captar las impresiones, las sensaciones, los rasgos y los detalles concretos de la realidad más impura. En el fondo, en el tratamiento del lenguaje, de los diálogos, de las percepciones y descripciones, es uno de los escritores más realistas y crudos de la historia. En comparación, cualquier otro retrato de la realidad parece anodino, abstracto. Realismo, naturalismo, impresionismo, expresionismo, surrealismo: los supera a todos por exceso de recursos, por hiperestesia expresiva, por voracidad estilística.
No es Céline un escritor realista al uso. Por eso su estilo, delirante y desmitificador, es inimitable. Un arma absoluta de destrucción selectiva. No se trata de remedar, con más o menos gracia, una supuesta habla popular, ni de intercalar forzadas interjecciones en un discurso espasmódico, o puntos suspensivos como calculadas afasias retóricas en un monólogo insensato, sin destinatario reconocible, que parece brotar como una blasfemia contra la creación divina de la boca retorcida de un demente. No. La apocalíptica versión del mundo de Céline surge de un estilo arrebatador, una combinación de visualidad alucinada y musicalidad espectacular, que se apodera de su mente como un fármaco de efectos hipnóticos y la arrastra sin remedio a la perdición de los sentidos y del juicio. La fusión total con una realidad caricaturizada hasta lo grotesco.
Su retórica es utilizada como un auténtico proyectil fonético, como una carga de profundidad que se instalase en el cerebro receptor. Utilizar los términos “negro”, “alemán”, “francés”, “ruso”, “enfermo”, “lisiado” como adjetivos despectivos forma parte de una estrategia para convertir el léxico en una suerte de ametralladora. Céline pretende arremeter contra el relato lineal. La sintaxis, el vocabulario, la disposición de los acontecimientos, todos los elementos de su prosa sirven para expresar la crispación, el estado de tensión que está viviendo el escritor en el momento mismo de generar su enunciado. Palabras obscenas (retrete, zurullo, ano, orgía, reventar...), insultos, figuras retóricas de contenido macabro o el humor negro son otros de los elementos con que maltrata al lector, zarandeándolo, y provocando en él mil reacciones que van del más tonificante de los entusiasmos al más profundo de los rechazos.
¿Qué es la noche para Céline?
La vida misma, es decir, la guerra. Llegar a su fin es un acto de sinceridad, de desnudez. Todo aquel que se despoja de sus amables vestiduras revela lo que hay en él de inadmisible.
En diciembre la editorial Gallimard anunció que publicaría los panfletos antisemitas, pero se echó atrás por la presión mediática. El debate muestra el mal estado del aparato digestivo de la prensa de la República. Céline es malvado como lo es todo el mundo, aunque en momentos de polarización social o internacional haya siempre un bando que se apodere del lenguaje de la bondad, la santidad y la fraternidad para disimular, disfrazar, su hipocresía.
Céline entendía que escribir novelas y expresar su verdad se paga con la vida. Como si los lectores fueran cazadores y el autor la presa. Así se lo contó a la Paris Review en los años sesenta: «Nada se hace gratis. Hay que pagar. Inventarse una historia no tiene ningún valor. La única historia que cuenta es aquella por la que pagas. Cuando la pagas, entonces tienes derecho a transformarla». Parece sin embargo que Céline, una vez muerto, sigue pagando.
Ya en 1941 advirtió Junger cuando le conoció en París: «Un hombre alto, huesudo, recio, un poco pesado, pero vivaz en la discusión o, mejor dicho, en el monólogo. Cuando habla tiene la mirada fija propia de los maníacos y se tiene la impresión de que este hombre camina hacia una meta desconocida».
Entretanto, su estilo escrito, que tan mal sienta al debate, sigue insuflando energía a muchos lectores porque sus palabras dichas desde el arrojo, la honestidad y el compromiso siguen siendo trascendentales.
miércoles, 28 de marzo de 2018
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