lunes, 2 de mayo de 2011

Un día de cólera




Monteleón


«Sólo queda, por tanto, rendirse o morir matando. Y antes que verse ante un pelotón de ejecución —de eso no lo libra nadie, si lo cogen vivo—, Daoiz es partidario de acabar allí, de pie y sable en mano. Cual debe hacer, a tales alturas, un hombre que, como él, no está dispuesto a levantarse la tapa de los sesos de un pistoletazo. Antes prefiere levantársela a cuantos franceses pueda. Por eso, desentendiéndose del mundo y de todo, el capitán afirma los pies y se dispone a bajar el sable, gritar «fuego» para la descarga de los cañones —si al menos tuvieran metralla, se lamenta por enésima vez— y luego usar ese sable para vender su vida al mayor precio en que su coraje y desesperación puedan tasarla. Por un instante, su mirada encuentra los ojos enfebrecidos de Pedro Velarde, que amartilla una pistola y la dispara contra los franceses, sin dejar de dar voces y empujones para contener a los que, ante la cercanía de aquéllos, chaquetean y pretenden echarse atrás. Maldito y querido loco de atar, piensa. Hasta aquí nos han traído tu patriotismo y el mío, dignos de una España mejor que esta otra, triste, infeliz, capaz de hacernos envidiar a los mismos franceses que nos esclavizan y nos matan».

A los héroes del 2 de mayo.

Al Dos de Mayo de Bernardo Lopez Garcia


Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron...
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona...!

Do quiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África , que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!...

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantosa esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial;
en tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque indómitos y fieros,
saben hacer tus vasallo,
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros...

Y aun hubo en la tierra un hombre,
que osó profanar tu manto...
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!...
Sin que el recuerdo me asombre
con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria,
y el mundo y la patria a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que en su delirio profundo
captando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!...

La virgen con patrio ardor
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y cuando calmado está
grita al hijo que se va:
"¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!..."

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!...


***

Mártires de la lealtad
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad...
en la tumba descansad,
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.

sábado, 30 de abril de 2011

Guerra de la Independencia


Al acercarse el 2 de mayo, día de la Independencia española, queremos recomendar la lectura del libro del historiador José Antonio Vaca de Osma, La Guerra de la Independencia.

"La guerra de la Independencia marca el fin del Antiguo Régimen en España. Su extraordinaria trascendencia -ya que implicó un cambio radical en todos los órdenes de la vida española- lleva al autor a profundizar en los antecedentes decisivos y a comentar sus graves consecuencias, que se prolongan a lo largo de más de cien años.

Sobre este importante episodio de la Historia de España se han escrito miles de páginas, sobre todo en el siglo XIX. Muchos historiadores posteriores le han dedicado sus estudios, pero también algunos de sus protagonistas directos dejaron interesantes memorias que aportan datos indispensables. José Antonio Vaca de Osma ofrece en esta obra una interesante novedad: recoge dichos textos, extensísimos y de difícil consulta; los presenta en un solo volumen, sin que falte nada esencial, y los comenta y analiza desde nuestra perspectiva actual -prestando especial atención a los personajes y las ideas-, sin olvidar una detenida referencia a la guerra desde el punto de vista francés."



II República


LA REPÚBLICA EN SÍNTESIS

   1.- Origen y legitimidad
   Al irse Primo de Rivera, Alfonso XIII impulsó una transición para volver al régimen constitucional. No le apoyó la mayoría de los monárquicos y crecieron los republicanos, estimulados por intelectuales influyentes como Ortega, Marañón o Pérez de Ayala, “padres espirituales de la República”. Los republicanos estaban desunidos, y fueron los derechistas ex monárquicos Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura quienes los concertaron en el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930. Los pactantes intentaron un golpe militar que fracasó en diciembre, pero el fracaso se convirtió en éxito político por las facilidades que les otorgó la monarquía, como recuerda Maura.
    
Para hacer la transición, el gobierno abrió un proceso gradual cuyo primer paso serían unas elecciones municipales. Estas tuvieron lugar el 12 de abril de 1931 y dieron amplia victoria a los monárquicos, excepto en la mayoría de la capitales de provincia. Sin embargo los monárquicos se desmoralizaron, el general Sanjurjo rehusó  emplear la Guardia Civil contra posibles disturbios, comenzaron las manifestaciones callejeras y Maura empujó a los republicanos a apoderarse del poder. Dentro del gobierno, Romanones obró como agente desintegrador. El rey cedió y abandonó el trono. Las memorias de los políticos no dejan lugar a dudas sobre la sucesión de los hechos, muy tergiversados en historias posteriores.
  
  Así, la república no llegó por elecciones, como se dice, sino por un golpe de estado, precedido por un golpe militar fallido. El golpe final no lo dieron los republicanos, sino los monárquicos contra su propio régimen, despreciando a sus votantes.  La república tuvo, pues, legitimidad: otorgada, paradójicamente, por una monarquía en crisis moral suicida.

2.- ¿Un régimen democrático?
   La Constitución republicana fue parcialmente democrática, pues afirmaba las libertades  y la alternancia mediante elecciones. Pero no era laica, sino anticristiana, reducía al clero a una ciudadanía de segunda y a la miseria, dejaba en inferioridad a los ciudadanos católicos y asestaba un duro golpe a la enseñanza.

    Este carácter solo parcialmente democrático quedaría aún más limitado por la Ley de Defensa dela República, que autorizaba detenciones arbitrarias, deportaciones, cierre de prensa, etc. La censura y la suspensión de periódicos se hicieron habituales. También data de entonces la Ley de Vagos y Maleantes.

   Azaña trazó para el régimen una estrategia ilusoria: “la inteligencia republicana” -- él mismo y sus correligionarios-- utilizaría como “brazos” a “los gruesos batallones populares en la bárbara robustez de su instinto”, es decir, a los sindicatos y partidos obreristas, en pro de un régimen de izquierdas. Sus Diarios muestran que pronto comprendió que la inteligencia republicana era escasa y que los gruesos batallones no se dejaban mandar por ella. No obstante, persistió hasta el final  en su catastrófica idea, corroyendo lo que tenía de democrático el régimen. 

3.- Los enemigos de la república
  Desde el comienzo atacaron a la república los comunistas, un partido débil, y los anarquistas, mucho más fuertes, mediante insurrecciones y huelgas salvajes. Los socialistas veían en la república “burguesa” una mera etapa para llegar a su propia dictadura, y los nacionalistas catalanes y vascos entendían la autonomía como un paso hacia una probable secesión. El régimen, traído de hecho por monárquicos, no tuvo al principio enemigos de derecha, la cual solo empezó a organizar complots militares –inocuos—tras la “quema de conventos”. Si esta quema despegó a la derecha de  la república, el grueso de la izquierda la atacaba o la usaba como medio para alcanzar un sistema de tipo soviético, haciendo la crisis permanente. Además, su personal político era de bajo perfil.  

4.- El personal republicano
   Ciertas historias presentan a unos líderes republicanos de alto nivel intelectual (“república de profesores”), bienintencionados, aunque ingenuos y blandos con los enemigos de derecha. No decía lo mismo Azaña en sus Diarios, documento histórico crucial donde califica a sus correligionarios de "obtusos", "botarates", "gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta", notables por su "inepcia, injusticia, mezquindad o tontería": "Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres". "Zafiedad", "politiquería", "ruines intenciones". "Conciben el presente y el porvenir de España según se los dicta el interés personal". "Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta". Etc. Su relato de cómo preparaban la reforma agraria, y otras, colisiona con las que nos cuenta la historia de izquierdasMaura llama a los gobernadores republicanos “instrumentos de desgobierno” y define  la situación como “un manicomio suelto y desbordado”. Para Lerroux, único jefe republicano de larga trayectoria, "no traían saber, ni experiencia, ni fe, ni prestigio. Nada más que esa audacia tan semejante a la impudicia, que suele paralizar a los candorosos y de buena fe cuando la ven avanzar desenfadadamente, imaginando que es una fuerza de choque".  Alcalá-Zamora afirma que “constituyen un manicomio  no ya suelto, sino judicial, porque entre su ceguera y la carencia de escrúpulos sobre los medios para mandar, están en la zona mixta de la locura y la delincuencia”.
   
Estos testimonios deben contrastarse con la evolución real del régimen.

5.   Desarrollo de la República
 Aunque el régimen fue traído por jefes derechistas y suicidio monárquico, cobró enseguida un tinte ultra izquierdista. Pueden distinguirse en él cuatro etapas:

a) De abril a diciembre del 1931, un gobierno provisional promovió las primeras elecciones, ganadas ampliamente por la izquierda, y la Constitución. Esos 8 meses vieron  una oleada de incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza, con complicidad de facto del gobierno, causa de una primera quiebra social. También movimientos insurreccionales anarquistas y choque de izquierdistas y policías más sangrientos que cualesquiera de la monarquía.

b) Bienio republicano-socialista, diciembre del 1931 a diciembre del 1933, dirigido la mayor parte del tiempo por Azaña. Presenció el pequeño golpe de Sanjurjo, espiado y vencido por el gobierno, y nuevas insurrecciones anarquistas. Una de estas culminó en la matanza de campesinos de Casas Viejas por la Guardia de Asalto. Azaña quedó desprestigiado,  perdió varios comicios parciales y el presidente Alcalá-Zamora le hizo dimitir. En ese bienio aumentó la delincuencia y la agitación política, con numerosos muertos, y  el hambre volvió a los niveles de principios de siglo. Las reformas (agraria, militar y en la enseñanza) fracasaron por su sectarismo e ineficacia. La mayoría del pueblo, harto, votó al centro-derecha en noviembre de 1933.

c) Bienio de centro-derecha, diciembre de 1933 a febrero de 1936. La izquierda no aceptó la victoria derechista en las urnas e intentó golpes de estado (Azaña) y una nueva insurrección anarquista, el PSOE  preparó una insurrección armada para instaurar su dictadura, Companys aprestó una rebelión en toda regla y el PNV desestabilizó al gobierno. La insurrección, planeada textualmente como guerra civil, estalló en octubre de 1934, pretextando un falso peligro fascista, y fracasó, dejando 1.300 muertos. Se alzaron el PSOE, los nacionalistas catalanes, el PCE y sectores anarquistas, con apoyo de los republicanos de izquierda. Luego, Alcalá-Zamora intrigó contra los gobiernos de derecha, imponiéndoles políticos también derechistas, pero afectos personalmente a él, destruyó políticamente a Lerroux, expulsó a Gil-Robles (CEDA) y llevó al régimen a una crisis en la que el propio Alcalá-Zamora y su protegido Portela iban a ser juzgados por ilegalidades. Por evitarlo disolvieron las Cortes y convocaron elecciones para el 16 de febrero del 36. Pese a todo, en ese bienio, llamado “negro” por la izquierda, se reactivó la economía y descendió el hambre.

d) Febrero a julio de 1936, cinco meses de demolición revolucionaria del régimen por las izquierdas, que arrasan violentamente su legalidad. Tras las furiosas elecciones de febrero, el Frente Popular se arrogó la victoria, aunque nunca publicó las votaciones, arrebató ilegalmente escaños a la derecha y destituyó a Alcalá-Zamora, también de forma ilegal. Marcaron la etapa, verdadera guerra civil “fría”, cientos de asesinatos, incendios de iglesias, asaltos a sedes y prensa de la derecha, invasión de fincas, huelgas salvajes y subida vertical del paro. Era un nuevo régimen ilegítimo, retratado con el asesinato de Calvo Sotelo por milicianos socialistas y policías y el aplastamiento sangriento de las protestas. Cuando el 17 de julio se sublevó por fin una parte del ejército contra un régimen ya plenamente deslegitimado, recomenzó la guerra civil “caliente” emprendida por las izquierdas en 1934 y no rectificada en su espíritu.   

6) “Padres espirituales de la República
   Los intelectuales que más ayudaron a traer la república denostaron la experiencia y al Frente Popular. Marañón llama a sus líderes “cretinos criminales”, “Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez”, “Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España (…). Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos”. Pérez de Ayala los considera "desalmados mentecatos", cuyo "crimen, cobardía y bajeza nunca hubiera podido imaginar". Ortega fustigó a los intelectuales extranjeros, que, ignorándolo todo de España, defendían a las izquierdas. Unamuno fulminó contra Azaña, y aunque  tuvo su célebre choque con los falangistas, mantuvo su condena a su gobierno. Besteiro admitió que los nacionales habían librado a España de una pesadilla….

   Cabe observar que quienes hoy defienden y se proclaman herederos de la república y el Frente Popular, recuerdan a aquellos republicanos tan vívidamente descritos por Azaña. En ese sentido no cebe negarle cierta cualidad profética..